Pan para todos

8 de junio de 2026
1 minuto de lectura

Ya se ha dicho que el hambre es la suma de todas las injusticias. A estas alturas de la civilización es impensable que millones de personas en el mundo se acuesten todavía sin comer mientras se llenan los contenedores de tanto alimento como se desperdicia. Todos somos, en mucha medida, responsables. Y éste, a mi entender, es el gran mensaje del Corpus, la gran tarea reconciliadora del papa León entre nosotros.

Pero el Pontífice también se refiere a las otras hambres, a las que no hay pan que las calme, a la soledad de los vacíos, al infortunio de la indiferencia. Al olvido o al rechazo de los que ya no son “útiles” a la sociedad. El sustento definitivo de esas hambres es el reconocimiento de Jesucristo en el corazón de la fe. Con Él se desbordan las caricias de los demás y la luz se agranda para que se sepa reconocer el sitio donde más se oscurece la sombra.

¡Bienvenido, Santo Padre!, panadero incansable de una misión que de todos requiere y a todos aprovecha.

El pan que se guarda en las alacenas, se vuelve duro por no haber sabido compartirlo.

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