La mutilación genital femenina sigue siendo una realidad para millones de niñas en todo el mundo. Coincidiendo con el Día Mundial de Tolerancia Cero, que se celebra este 6 de febrero, distintas organizaciones humanitarias han alertado de que 230 millones de niñas y mujeres han sufrido esta práctica, considerada una de las formas más graves de violencia de género.
Entreculturas lleva casi 15 años trabajando sobre el terreno para combatirla a través del programa La LUZ de las NIÑAS, con presencia en una veintena de países de África y América Latina, muchos de ellos afectados por crisis humanitarias y desplazamientos forzosos. El objetivo es prevenir la violencia, proteger a las menores y acompañar a quienes ya la han padecido.
Uno de los focos de intervención es Chad, donde el 34% de las mujeres de entre 15 y 49 años ha sido sometida a mutilación genital, según datos de UNICEF. Allí, la organización colabora con el Servicio Jesuita a Refugiados (JRS) combinando educación, protección y trabajo comunitario para cambiar las normas sociales que sostienen esta práctica.
“La prevención solo es efectiva cuando hay un trabajo continuado con toda la comunidad”, explica Maimouna Konaté, directora de proyectos del JRS en la región del lago Chad. Según señala, la implicación de líderes locales y familias ya está contribuyendo a reducir los casos en las zonas donde actúan.
Desde el acompañamiento directo, la responsable de programas del JRS Chad, Marie-Grace Longaye, subraya la importancia de crear espacios seguros donde niñas y mujeres puedan recibir apoyo psicológico. “Recuperan la confianza, comparten lo vivido y fortalecen su resiliencia”, afirma, lo que también ayuda a frenar la transmisión generacional de la práctica.
El impacto no es solo social, también sanitario. La ginecóloga María del Carmen Gutiérrez Vélez, del Hospital 12 de Octubre, recuerda que se trata de “un procedimiento lesivo sin finalidad médica” que puede acarrear secuelas físicas y psicológicas durante años. Por ello, defiende reforzar la formación de profesionales sanitarios, educativos y sociales para detectar casos y prevenirlos.
Unicef España advierte de que, pese a los avances logrados en las últimas décadas —el riesgo ha bajado del 47% en 1993 al 33% en 2023 en los países más afectados—, el progreso es insuficiente. Para cumplir el objetivo de erradicarla en 2030, la reducción debería acelerarse 27 veces más rápido que en la actualidad.
La organización insiste en que la educación, leyes eficaces, servicios de protección y el trabajo con las comunidades son claves para acabar con esta violencia. “La inacción tiene consecuencias. Sin financiación sostenida, millones de niñas perderán protección y esperanza”, alertan. Además, recuerdan que invertir en prevención no solo es una cuestión ética, sino también económica: cada dólar destinado a erradicarla puede ahorrar diez en costes sanitarios futuros.
Las entidades coinciden en el mensaje: poner fin a la mutilación genital femenina exige compromiso a largo plazo y una transformación cultural profunda. Mientras tanto, millones de niñas siguen en riesgo.