La Conferencia de Obispos Católicos de Cuba (COCC) ha lanzado un mensaje contundente en el que exige transformaciones sociales, económicas y políticas profundas para evitar el deterioro irreversible del país. En una carta pastoral titulada “Peregrinos de esperanza”, los obispos apelan directamente a “quienes tienen las responsabilidades más altas” a actuar con urgencia para devolver la esperanza a millones de cubanos que, según afirman, viven “aprisionados por la incertidumbre”.
Los prelados describen con crudeza el día a día de los ciudadanos: familias rotas por la emigración, apagones interminables, dificultades extremas para cubrir necesidades básicas, una juventud sin ilusión y una creciente violencia social alimentada por la desesperanza. “Se tiene la impresión de que hemos perdido los resortes, el dinamismo y la voluntad para cambiar las durísimas condiciones de vida del pueblo”, denuncian.
Además, señalan que “sin alegría ni esperanza no hay futuro para ningún pueblo”, subrayando que el desencanto se extiende entre quienes ya no creen en las promesas no cumplidas del discurso oficial, según una información publicada en Diario de Yucatán.
La COCC plantea una pregunta crucial: ¿Cómo revitalizar la esperanza de los cubanos? Para los obispos, la respuesta exige participación colectiva, sin exclusiones ni condicionamientos ideológicos, y un compromiso real del liderazgo nacional. “Este reclamo no es una crítica vacía, sino una invitación a construir un país donde quepamos todos”, expresan.
Además, llaman a crear un clima propicio para los cambios, sin presiones internas ni interferencias externas, fomentando el diálogo como base para avanzar.
El mensaje episcopal coincide con la reciente visita del secretario vaticano para Relaciones con los Estados, Paul Richard Gallagher, quien subrayó el papel de la Iglesia como puente en contextos difíciles. La COCC retoma ese espíritu y lanza una exhortación final: “¡No tengamos miedo de emprender nuevos caminos!”, apostando por el diálogo, la reconciliación y la esperanza como pilares para reconstruir el país.
Con este pronunciamiento, la Iglesia católica cubana da un paso inusual al asumir un rol de interpelación directa al poder, buscando abrir un espacio para la transformación profunda que, a su juicio, no puede seguir posponiéndose.