Las altas temperaturas no solo aumentan el riesgo de golpes de calor o deshidratación, sino que también pueden empeorar de forma significativa la salud de quienes padecen enfermedades respiratorias crónicas. Así lo advierte la Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica (SEPAR), que alerta de que las olas de calor favorecen la aparición de síntomas, incrementan las crisis asmáticas y elevan el riesgo de complicaciones en personas con enfermedad pulmonar obstructiva crónica y bronquiectasias.
Los especialistas explican que el calor extremo, especialmente cuando coincide con elevados niveles de contaminación, dificulta el control de estas patologías y puede provocar un aumento de las visitas a Urgencias, los ingresos hospitalarios e incluso la mortalidad en los pacientes más vulnerables. En el caso del asma, diversos estudios muestran que las olas de calor incrementan las exacerbaciones y la necesidad de atención sanitaria, mientras que las investigaciones sobre las bronquiectasias, aunque todavía son limitadas, apuntan en la misma dirección.
Además, las temperaturas elevadas favorecen la formación de ozono troposférico, un contaminante que perjudica la función respiratoria y puede agravar estas enfermedades.
Ante este escenario, los neumólogos recomiendan evitar la exposición al sol en las horas de mayor calor, mantenerse bien hidratado, reducir el ejercicio al aire libre y no abandonar los tratamientos prescritos durante el verano. También aconsejan prestar atención a los avisos por contaminación o humo de incendios y consultar con un profesional sanitario ante cualquier empeoramiento de los síntomas.