México necesita paz y la sociedad tiene un papel clave según la Iglesia católica

26 de noviembre de 2025
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México I EP

La paz, como recuerda la Iglesia, no es un concepto abstracto ni algo que suceda por sí solo: también nos necesita a nosotros

México enfrenta un desafío profundo: construir una cultura de paz que llegue a todos los rincones del país. La Iglesia católica ha subrayado que este esfuerzo no recae únicamente en las autoridades o en los gobiernos, sino que comienza en el núcleo más cercano de cada persona: la familia. Es allí, en el hogar, donde se forman las primeras experiencias de convivencia, donde niñas, niños y adultos aprenden a dialogar, a resolver conflictos sin recurrir a la humillación y a ofrecer y recibir perdón.

“Las mejores iniciativas de paz comienzan en la familia”, afirma la Iglesia. Cada gesto cotidiano, cada conversación respetuosa, cada acto de comprensión y paciencia tiene el potencial de transformar no solo el entorno inmediato, sino también de sentar las bases para un México más pacífico. Desde la mirada católica, no se trata de grandes gestos heroicos, sino de acciones concretas, incluso sencillas, que fomenten la armonía y el diálogo en la vida diaria. Dedicar tiempo a escuchar, acompañar a quienes atraviesan dificultades o brindar ayuda a un enfermo son ejemplos de cómo lo cotidiano se convierte en un espacio de paz tangible, según apunta el EXCELSIOR.

Responsabilidad de todos y acción diaria

La paz, como recuerda la Iglesia, no es un concepto abstracto ni algo que suceda por sí solo: también nos necesita a nosotros. Es responsabilidad de cada ciudadano, de quienes enseñan, de quienes trabajan, de quienes rezan y de quienes sufren. Cada decisión de no responder con violencia ante la agresión, cada acto de honestidad y transparencia, cada esfuerzo por generar entendimiento y respeto, fortalece la paz en nuestro país.

El semanario Desde la Fe, de la Arquidiócesis Primada de México, enfatiza que esta construcción de paz no ocurre únicamente en grandes espacios públicos, sino en la cotidianidad. Cada pequeña acción de bondad, cada momento dedicado a escuchar, a ayudar o a reconciliarse con otros, contribuye a un ambiente más seguro y humano. La Iglesia recuerda que la paz no es un lujo ni una meta lejana: es un compromiso diario que requiere decisión, empatía y participación de todos.

En este sentido, México necesita paz, pero esa paz también nos necesita. No es un desafío que pueda dejarse en manos de unos pocos; requiere que cada persona, en su entorno inmediato, se comprometa a actuar con respeto, compasión y honestidad. Solo así será posible construir un país donde la convivencia, el diálogo y la solidaridad sean parte de la vida cotidiana.

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