Los trastornos del sueño constituyen uno de los síntomas más incapacitantes de la menopausia y pueden manifestarse tanto en la perimenopausia como en la posmenopausia. La neuróloga Ana Fernández-Arcos, de la Sociedad Española de Sueño (SES), explica que el descenso y la fluctuación de las hormonas sexuales afectan directamente a las regiones cerebrales reguladoras del sueño, desencadenando despertares nocturnos, insomnio y dificultades para volver a conciliar el descanso.
Junto a los sofocos nocturnos y la vulnerabilidad al insomnio, la experta advierte de que tras la menopausia aumenta la prevalencia de trastornos respiratorios del sueño, los cuales provocan variaciones en la saturación de oxígeno en sangre y reducen la calidad del descanso. Este deterioro del sueño tiene consecuencias diurnas como fatiga, irritabilidad o somnolencia, además de agravar los síntomas cognitivos, el riesgo cardiovascular y las alteraciones del estado de ánimo.
Sin embargo, la especialista insiste en evitar una visión reduccionista del problema, recordando que detrás de las dificultades para dormir pueden esconderse otras patologías como el síndrome de piernas inquietas o las apneas respiratorias. Por ello, si los síntomas se prolongan durante semanas o afectan significativamente a la vida diaria, resulta fundamental consultar con un profesional médico en lugar de asumir las molestias como un proceso inevitable de la menopausia.
Para combatir estos problemas, la doctora propone pautas de higiene del sueño, tales como mantener rutinas regulares y dormir más de seis horas diarias, acudir a la cama solo al sentir somnolencia y asegurar un entorno fresco, silencioso y oscuro. Asimismo, recomienda usar pijamas de tejidos transpirables como algodón o lino, prescindir de dispositivos electrónicos una hora antes de dormir y reservar el uso de la cama únicamente para el descanso o las relaciones sexuales.
Finalmente, a nivel diurno se aconseja evitar siestas superiores a 30 minutos, realizar actividades al aire libre y eliminar el consumo de cafeína, alcohol, tabaco o cenas copiosas a partir de la tarde. En caso de despertares nocturnos, la neuróloga sugiere evitar mirar la hora y recurrir a técnicas de relajación, reservando tratamientos médicos —como la terapia cognitivo-conductual o fármacos específicos— para aquellos casos diagnosticados de insomnio crónico.