Los 8.000 presos de Madrid aún añoran a «san Beltrán», el juez que durante muchos años llevó la ilusión a las cárceles: «Para todos era la esperanza…»

7 de mayo de 2026
8 minutos de lectura
Arturo Beltrán
El magistrado Arturo Beltrán en su antiguo despacho de la Audiencia de Madrid.

El interno Juan Antonio Flores, que se halla fugado tras haber sufrido un gravísimo maltrato sanitario en las prisiones del ministro Marlaska, recuerda que estudió Derecho entre las rejas gracias al juez Arturo Beltrán Núñez, ‘san Beltrán’. «Todos confiábamos en él, nos devolvía la esperanza», señala Flores en una carta que dirige al magistrado a través de ‘Fuentes Informadas’ y que se transcribe literal abajo de estas líneas.

Durante los últimos lustros, los más de 8.000 presos que albergan las cárceles de Madrid han tenido un referente dentro de la justicia penitenciaria. Los presos, incluso los nuevos, han oído a los más veteranos hablar de ‘san Beltrán’.

Es un juez atípico, muy inteligente, podía ponerse temerosamente serio y, las más de las veces, muy comprensivo, buena gente… Es religioso.

Dijo de él un ministro juez de Zapatero que, aun siendo de Derechas, en sus resoluciones se pasaba «por la izquierda a los más izquierdosos».

Como máximo jefe judicial penitenciario de Madrid, san Arturo, también le llaman así los presos, ha creado jurisprudencia penitenciaria. Él fue el que casi absolvió al Dioni hace muchos años y quien llevó la organización del juicio del 23F. Su origen es militar, y de ahí saltó a la judicatura.

El famoso juez Marchena ha confesado que antes de resolver lo del tercer grado que se les había dado en Barcelona a los presos de procés catalán, leyó abundantes resoluciones del juez Arturo Beltrán.

Sus decisiones son alegadas como jurisprudencia por abogados de toda España ante sus respectivos jueces de vigilancia.

Apenas hay jurisprudencia del Supremo en temas de esta índole. ‘San Beltrán’ era la avanzadilla. Y valiente en sus decisiones.

Tras la en general consabida negativa de las prisiones y miméticamente después de los jueces de vigilancia a estimar las quejas o peticiones de los internos, estos sabían que arriba, en la Audiencia de Madrid, estaba «san Beltrán».

Beltrán no tenía empacho en dar permisos de salida a internos que llegaban vetados por la cárcel, por el juez de vigilancia y hasta por el fiscal. Decía que todos los internos merecían una oportunidad. Y que de ellos dependía suavizar la pena, permisos, o endurecerla, no permisos.

Madres y esposas de presos, en su despacho

Muchos días, el despacho de Arturo Beltrán se convertía en una sucesión de madres o esposas de presos que se atrevían a visitarle en el tribunal para pedir por sus hijos. Habían oído de él que no echaba a nadie a patadas de su despacho.

Las recibía. Pocos jueces hacen eso.

Y las oía. «Le voy a dar el permiso a su hijo, pero dígale, que si se porta bien, vendrán uno tras otro… pero que no habrá más si actúa mal en la calle, y a usted le encargo que esté atenta a él «. Esto lo presenció quien suscribe esta información.

En las cárceles le llamaban, y aún le llaman, recientemente se jubiló, «don Beltrán» o «san Arturo».

Su nombre en realidad es Arturo Beltrán Núñez, quien hasta hace poco era el presidente de la sección de la Audiencia de Madrid que tramita las quejas y peticiones de los internos, la 5ª. Los superiores de los jueces de vigilancia.

Es el tribunal que sin recurso ulterior revoca o ratifica las resoluciones de los seis jueces de vigilancia que hay en Madrid.

En más de una ocasión, el magistrado Arturo Beltrán, cabreado, revocó decisiones de juzgados de vigilancia penitenciaria que negaban pretensiones a internos con meros formularios fotocopiados de resoluciones sin motivación alguna en las que sólo se cambiaba el nombre del preso.

Este periódico tiene en su poder, a título de simple ejemplo, resoluciones de fotocopia del juzgado de vigilancia 6 de Madrid, cuya titular es Gracia Paracuellos.

Y otras muchas, de este y otros juzgados, en las que sin motivación alguna el único análisis que se hace de las quejas o aspiración del interno es nada de riesgo y en todo sí a lo que diga el centro penitenciario.

Esto lo saben y lo sufren los presos, como también conocen y padecen que los jueces de vigilancia, la inmensa mayoría, no se mojan. Es lo fácil. Dar un permiso contra el fiscal o la cárcel hay que motivarlo bien. Y eso es trabajo.

Una de las certidumbres del magistrado Beltrán, o san Arturo, es que en su sueldo entraba la equivocación y el riesgo razonable, porque de lo contrario (no arriesgarse, decir no a todo) los grandes perjudicados son los internos en su conjunto.

Por miedo se les veta la opción del permiso o progresión de grado y la consiguiente readaptación social.

Por eso, entre otras razones, durante decenas de años lo internos de Madrid sabían que la Sección Quinta siempre era una esperanza (su actual presidente y relevo, Pascual Fabiá Mir, es, también, del sentir humanista de la judicatura, y junto a Arturo Beltrán ha firmado muchas de las resoluciones que sorprendían gratamente a los internos madrileños.

El preso enfermo que se vaya a morir a su casa, con su familia, a morir dignamenteNo hay que retenerle en la prisión hasta su agonía. Así piensa la Audiencia de Madrid de Arturo Beltrán y Pascual Fabia Mir.

La carta de Flores al juez Beltrán

El interno, en la actualidad fugado, Juan Antonio Flores ha remitido a este periódico una carta sobre el magistrado Beltrán. Asegura que le empezó a gustar el Derecho leyendo resoluciones de «don Beltrán» que necesitaba para hacerles recursos a otros presos que no sabía ni cómo empezar un recurso cuando la prisión le denegaba sus derechos.

A Flores le destrozaron la salud en la cárcel de Soto. Era un deportista. Hoy tiene concedido oficialmente el máximo grado de dependencia. En la cárcel no le llevaban a los médicos por sus muchas patologías, la peor, la diabetes tipo 1 que cosechó en prisión.

Ahora le dan detectado un cáncer fruto del maltrato sanitario que recibió en Soto del Real. Luego vino a empatarla con él el actual director de la cárcel de Meco, el inefable Pepe Comerón.

Esta es la carta al magistrado Beltrán, literal:

«Yo no hablo desde fuera, hablo desde dentro, desde lo que he vivido en Soto del Real, en Valdemoro, en Alcalá Meco, en Navalcarnero. Y en lo que he escuchado en la calle de internos de Aranjuez y Estremera.

Allí aprendes muy rápido que la palabra reinserción muchas veces no se parece a la realidad, donde los días pesan, donde los “no” o los «no procede» se acumulan, y es lo habitual donde hagas lo que hagas parece que nunca es suficiente.

La inhumanidad de la cárcel en la carta desgarradora de un preso
Juan Antonio Flores, en la ambulancia que le trató de hipoglucemia. A la derecha, siendo tratado de una úlcera producida por la diabetes. /FI

Donde las juntas de tratamiento deciden sobre tu vida sin conocerte de verdad, en ocasiones ni ponen cara a tu expediente y muchas veces de forma arbitraria, mirando solo papeles, y donde después esas decisiones son confirmadas por jueces de vigilancia que ni siquiera te han visto la cara.

Jueces que no te han escuchado, que no te han preguntado quién eres, y así todo se va cerrando poco a poco, sin aire, sin margen, sin esperanza.

Y en medio de todo eso había algo que rompía esa rutina de derrota, algo que se repetía todos los días en los patios, en los módulos, en voz baja y también en voz alta, como si fuera lo único a lo que agarrarse: “Beltrán”.

No era un apellido más, no era un juez más, era otra cosa, era la sensación de que por fin alguien iba a mirar de verdad, de que por fin alguien iba a entender que detrás de un expediente hay una persona, pero también una familia, una pareja, unos hijos, una vida entera que no cabe en un papel.

Yo escuché su nombre tantas veces que dejó de ser un nombre y pasó a ser casi una esperanza, una referencia, algo que cambiaba el ánimo de la gente solo con oírlo.

“A ver si cae en Beltrán (el recurso) ”, y en ese momento algo dentro se encendía, porque sabías que si llegabas a él no ibas a ser un número más.

Arturo Beltrán Núñez no se quedaba en el despacho como otros, escuchaba, atendía, miraba a las familias, a las parejas, a los hijos, algo que dentro parecía inaudito, adelantado a todo, profundamente humano.

Porque entendía que no estaba tratando solo con delitos, estaba tratando con vidas. Y eso dentro se siente como un golpe, porque no es solo una resolución, es alguien que te devuelve la dignidad, alguien que te dice sin decirlo que todavía puedes cambiar, que todavía puedes demostrarlo.

Yo lo he visto, lo he vivido, he visto a gente destrozada empezar a levantarse, he visto a gente empezar a desengancharse de la droga cuando por fin alguien confiaba en ellos, he visto cómo un permiso no era salir unos días, era empezar a salir de verdad.

Era enfrentarte a ti mismo y decidir que no querías volver atrás, y eso no pasa porque sí, eso pasa cuando alguien toma una decisión valiente en el momento justo.

Lo fácil es decir que no, lo fácil es no complicarse, lo fácil es seguir la inercia de un sistema que muchas veces no mira a la persona, pero lo difícil es hacer lo que hacía Beltrán, confiar, arriesgar, decidir con humanidad y con criterio, y eso no es debilidad, eso es justicia de verdad.

Yo no olvido ese nombre repitiéndose cada día dentro, “Beltrán”, como si fuera la única puerta que no estaba cerrada, como si fuera la prueba de que no todo estaba perdido, y a mí me marcó, me marcó de verdad, porque en medio de todo ese ambiente donde lo normal es rendirse, ver que alguien dentro del sistema hacía las cosas bien te cambia por dentro…

Te despierta, te hace querer entender, te hace querer hacer algo distinto con tu vida, y en mi caso fue así, yo estudié Derecho gracias a él, gracias a su forma de decidir, a sus sentencias, a su manera de entender la justicia.

Me enseñó sin conocerme que la ley también puede servir para levantar a alguien y no solo para hundirlo, que se puede aplicar con humanidad sin dejar de ser firme, y eso es algo que no se olvida nunca.

Habrá quien no lo entienda, pero yo lo tengo claro porque lo he vivido, negar por sistema no cambia a nadie, cerrar puertas no arregla nada, mientras que una oportunidad a tiempo puede salvar una vida, y eso no es teoría…

Eso es lo que yo he visto en cada uno de esos centros, en cada persona que consiguió salir adelante cuando alguien decidió no rendirse con ella, por eso cuando hablo de Arturo Beltrán Núñez no hablo de un juez, hablo de algo mucho más grande, hablo de alguien que dentro se convirtió en lo que casi nunca existe allí: una razón para volver a creer».

23 Comments Responder

  1. Artículo extraordinario, encaminado al agradecijmiento de todos aquellos que, cumpliendo con la justicia, buscan la benevolencia de su mejor esquina. Todos echamos de menos estos «santos laicos» que están en condiciones de mejorar la vida de los equivocados.

    El magistrado Beltrán, además, se parecía físicamente a mi padre, que también era bueno.

    Un abrazo y felicidades

  2. Merecido artículo para quien con valentía busco la dignidad y la justicia donde otros no supieron. Se necesitan muchos Magistrados como D. Arturo! Ojalá muchos sigan el camino de sabiduría, oficio y justicia que él tránsito abriendo camino.
    Dios le bendiga

  3. Parece una gota de agua en el desierto, pero considero que es algo mucho más valioso que nos abra los ojos de lo que tiene que ser la verdadera reinserción que todos desean pero para que hay que ser verdaderamente justos. Gracias por este artículo. ¿Os imagináis a los jueces leyendo esto? Ojalá que todos los que recibieron este trato justo por parte de «San Beltrán» se animaran a ofrecer su testimonio para que la justicia conozca estos casos de primera mano. Espero que J.A. Flores se recupere debidamente física y anímicamente.

  4. A veces medimos el éxito en cifras, cargos o reconocimientos… y olvidamos lo esencial.
    Si cada persona pudiera decir, con honestidad, que ha ayudado de verdad a alguien en su vida, el mundo ya sería un lugar distinto. Como en Cadena de Favores, donde un gesto cambia destinos sin necesidad de ruido.
    Arturo Beltrán entendió eso antes que muchos: que detrás de cada expediente hay personas, familias, historias. Y que la justicia también puede ser humanidad.
    Quizá el verdadero legado no está en las sentencias… sino en las vidas que tocamos.

  5. Mi hijo falleció en Alcalá Meco2025..no llegó a tiempo..es la primera vez que una madre piensa..ojalá hubiera delinquido antes..Que madre piensa algo así?
    La que lee esto!

  6. Hay lecturas que no solo informan… remueven por dentro.
    Y esta lo hace porque recuerda algo que hoy parece olvidarse demasiado: avanzar como sociedad no siempre significa evolucionar como seres humanos.
    Tenemos más tecnología, más leyes, más protocolos, más distancia. Pero cada vez menos personas capaces de mirar a alguien roto y seguir viendo una persona detrás del expediente.
    Por eso historias como la de Arturo Beltrán generan tanta nostalgia. Porque recuerdan una justicia que todavía entendía el valor de escuchar, de arriesgarse humanamente, de creer que una oportunidad puede cambiar una vida entera.
    La ciudadanía avanza, sí. Pero el verdadero progreso no está en ir más rápido, sino en no perder la humanidad por el camino.
    Quizá por eso tantos internos aún hablan de “San Beltrán”.
    Porque cuando alguien consigue devolver esperanza en un lugar donde normalmente solo existe resignación… deja de ser solo un juez para convertirse en memoria colectiva.
    Y eso, en estos tiempos, vale muchísimo más de lo que algunos imaginan.
    Gracias por este artículo me ha fascinado.

  7. He leído este artículo y, sinceramente, he sentido que alguien por fin contaba una verdad que muchos conocemos dentro del mundo penitenciario pero que fuera casi nadie quiere ver.
    Y quizá por eso emociona tanto.
    Porque yo no hablo desde la teoría. Hablo como padre de un preso que murió antes de poder disfrutar un permiso que podía haberle ayudado a rehacer su vida. Y cuando uno vive algo así, aprende rápido cómo funciona realmente muchas veces el sistema: informes copiados y pegados, resoluciones que parecen hechas sin mirar a la persona y decisiones donde da la sensación de que nadie quiere complicarse ni cinco minutos en entender una historia humana.
    Por eso Arturo Beltrán fue diferente.
    Porque no hacía “control C y control V” como hacen demasiados. Escuchaba. Leía los casos. Miraba a las familias. Entendía que detrás de un expediente hay madres, padres, hijos, parejas y personas intentando agarrarse a una segunda oportunidad.
    Y eso dentro de prisión se nota muchísimo.
    La mayoría de la gente no entiende lo que significa para un preso escuchar: “te ha tocado Beltrán”. Allí dentro eso era esperanza. Era pensar que, al menos una vez, alguien iba a mirar tu situación de verdad y no simplemente repetir el mismo informe automático de siempre.
    Por eso este artículo es tan importante y tan adelantado a su tiempo. Porque se atreve a decir algo incómodo: que la justicia no puede convertirse en una fábrica de resoluciones idénticas donde nadie se implique humanamente.
    Beltrán entendía algo que muchos olvidaron hace tiempo: que aplicar la ley no significa dejar de tener humanidad.
    Y quienes hemos vivido el sistema penitenciario de cerca sabemos perfectamente la diferencia entre alguien que simplemente ocupa un cargo… y alguien que realmente intenta cambiar vidas.

  8. Buen articulo, Jose. Es cierto q Zaplana, esta en su casa por enfermedad desde hace once años?. ? por que? la gente de la calle no creemos en los Jueces?. A q nivel hemos llegado, q pensamos como nuestros abuelos, la justicia no es igual para los ricos y los pobres. Ahora podria para los politicos en general.

  9. Mi agradecimiento sincero a José Antonio Hernández, periodista de raza y uno de los grandes nombres del periodismo de investigación en España, cuya trayectoria en medios como EL PAÍS quedó ligada a investigaciones de enorme relevancia pública y otras muchas causas donde informar significaba enfrentarse al poder y sostener la verdad con rigor y valentía.
    También mi reconocimiento a Fuentes Informadas, a todas las personas que han colaborado en este artículo y a quienes han dedicado unos minutos a leerlo y comprenderlo desde la humanidad y no desde el prejuicio.
    Lo relatado sobre Arturo Beltrán Núñez no nace de la ficción ni del interés personal. Nace de la experiencia directa de quienes conocimos desde dentro un sistema penitenciario donde demasiadas veces abundan las resoluciones estandarizadas, los formularios repetidos y el miedo institucional a decidir con criterio humano.
    Por eso resulta jurídicamente y moralmente relevante destacar la figura de quienes entendieron que aplicar la ley no significa despojarse de humanidad. Y eso fue precisamente lo que muchos internos, familias y profesionales vieron durante años en Arturo Beltrán.
    En tiempos donde la verdad suele incomodar y la empatía parece una debilidad, este artículo ha demostrado que todavía existen medios y periodistas capaces de ejercer su labor con independencia, sensibilidad y compromiso con los hechos.
    Porque al final, detrás de cada expediente, de cada recurso y de cada resolución, siguen existiendo personas. Y recordar eso jamás debería resultar revolucionario.

  10. Pues si! Somos familia tan grande casi 300 que por desgracia nuestros plasos entraron presos o padres..Si mercheros..pero laverdad la reconocemos siempre y la palabra y ese hombre era asi seguro lo sabemos por experiencia.

  11. Po claro primo… si cuando er rio suena agua yeba. Mucha pelicula y mucha lengua por la calle, pero al final las cosas se saben. Lo ke cuentan de esa empresa no viene der aire picha. Ai mucho humo pa ke no aya candela. Cada uno ke sake sus cuentas. y esto es palabra de la chachi

  12. Alguien pensó en un partido politico de verdad que ponga las cosas en su sitio y las personas presas no..ojooo…y el mas de 5 veces les votaria porque hay mucha gente demtro de otros que no merecen ni agua por violadores..asesinos etc pero otros no son santos pero ese partido politico tendrian cerca del medio millon de votantes real ..de derechas..familias nobles y todo el santo puto mundo…mas los zurdos de verdad no los pregonan y bla bla pero poco han hecho sino al reves..
    alguien lo penso?

  13. Las prisiones de Madrid llevan años abandonadas. Abandonados los internos, abandonados los funcionarios y abandonadas las familias que ven cómo dentro de esos muros se degrada la vida humana cada día mientras fuera todo se maquilla con discursos institucionales y promesas vacías. Siempre lo mismo: anuncios, compromisos, titulares y visitas oficiales. Pero después nadie hace nada.
    Dentro de prisión hay muertes, agresiones, suicidios, enfermedades mentales sin tratar, drogas, hacinamiento, miedo y una tensión permanente que acaba explotando. Y mientras tanto, quienes denuncian lo que ocurre son silenciados o ignorados. Se vulneran derechos fundamentales constantemente, desde la atención sanitaria hasta la dignidad más básica de las personas privadas de libertad.
    Resulta hipócrita ver a políticos hablando en televisión sobre derechos humanos internacionales cuando son incapaces de garantizar los derechos humanos dentro de su propia casa. Las cárceles no pueden seguir siendo lugares donde el abandono institucional se convierta en norma y donde el sufrimiento quede oculto tras un muro y una nota de prensa.
    La realidad penitenciaria de Madrid no necesita más propaganda. Necesita responsabilidades, medios, transparencia y humanidad.

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