La edad del padre podría tener un impacto mayor del que se pensaba en la salud de los futuros hijos. Un estudio liderado por la Fundación IVI, presentado durante la reunión anual de la Sociedad Europea de Reproducción Humana y Embriología (ESHRE), concluye que los hombres mayores de 45 años presentan un 31% más de mutaciones en el esperma en comparación con los menores de 30 años.
Los investigadores explican que estas alteraciones genéticas se acumulan con el paso del tiempo y, en muchos casos, no pueden detectarse mediante los análisis convencionales, ya que estos se realizan sobre muestras de sangre y no sobre el propio esperma. Esto significa que determinadas mutaciones podrían pasar inadvertidas y, aun así, transmitirse a la descendencia.
El estudio identificó cambios genéticos relacionados con enfermedades neurológicas, trastornos del espectro autista, discapacidad intelectual, patologías cardiovasculares, inmunodeficiencias e incluso algunos procesos vinculados al cáncer. Aunque esto no implica que todos los hijos de padres mayores desarrollen estas enfermedades, los expertos consideran que la edad paterna debe tenerse más en cuenta en la evaluación de la fertilidad.
A raíz de estos resultados, los investigadores proponen incorporar análisis específicos del esperma en determinados casos, especialmente en hombres de más de 45 años y en programas de donación. El objetivo es mejorar la detección de posibles riesgos y avanzar hacia una medicina reproductiva más precisa y personalizada, adaptada a las características de cada paciente.