La combinación de un consumo elevado de alcohol y factores metabólicos como la obesidad, la diabetes o la hipertensión puede multiplicar el riesgo de sufrir complicaciones graves en personas con esteatosis hepática, conocida comúnmente como hígado graso. Así lo ha advertido la especialista en aparato digestivo Vanesa Bernal durante el 85º Congreso de la Sociedad Española de Patología Digestiva (SEPD), donde ha destacado que la interacción entre ambos factores acelera el deterioro del hígado.
Según explicó la experta, la evidencia científica ha cambiado la forma de entender esta enfermedad. Lejos de considerar el alcohol y la alteración metabólica como problemas independientes, ahora se reconoce que ambos actúan de manera conjunta, favoreciendo la aparición de fibrosis avanzada, cirrosis, insuficiencia hepática o incluso cáncer de hígado.
Por ello, los especialistas insisten en la necesidad de valorar de forma sistemática el consumo de alcohol en todos los pacientes con esteatosis, incluso cuando la ingesta se considere moderada. Esta información puede resultar determinante para establecer el diagnóstico, calcular el pronóstico y decidir el tratamiento más adecuado.
Además, los expertos subrayan la importancia de detectar precozmente la fibrosis mediante pruebas no invasivas, ya que identificar el daño hepático en fases iniciales permite intervenir antes y reducir el riesgo de que la enfermedad evolucione hacia complicaciones potencialmente mortales.