Los británicos de Benidorm también lloran la muerte de la reina Isabel II

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Un altar improvisado en una calle de Benidorm.|Coral Zafra.

La Reina «sentía cariño por España y por el rey don Juan Carlos. Sabía que su nieto Harry había venido de fiesta en varias ocasiones a Benidorm y a Ibiza. Y ellos le contaron maravillas de estas ciudades»

CORAL ZAFRA CASAUS, desde Benidorm

La tarde del 8 de septiembre se desarrollaba tranquila en Benidorm, los bares de las zonas «guiris» estaban repletos. Sobre las mesas, pintas a 2,50 euros el medio litro. En las pantallas gigantes de los bares, un partido de fútbol inglés que algunos compartían entre trago y trago. Todo parecía normal. De pronto, se interrumpió la conexión, y apareció Liz Truss. La nueva primera ministra del Reino Unido.

Her Majesty The Queen is dead (Su Majestad la Reina ha muerto). El silencio se hizo en las calles dominadas por la comuniad británica. Después, llegaron las lágrimas a los rostros de muchas personas.

Bajando por una de las calles de la ciudad, me cruzo con Anthony. Un veinteañero londinense que ha venido a pasar unos días de vacaciones con su familia y amigos. Me cuenta que ellos estaban al tanto de su delicado estado de salud, pero nunca imaginaban este desenlace. «Solo hace dos días que recibió a la primera ministra… Era impensable.»

Sus tíos cambiaron el billete de avión para volver de inmediato a su Inglaterra natal. Querían despedirse de ella de alguna forma. «El pueblo británico tiene un gran cariño y respeto por toda la familia real», dice. «La reina Isabel representaba todo para muchos de nosotros, siempre ha estado ahí para su pueblo. Esto es el fin de una era». «Ya sé que suena un poco loco pero entiendo a mis tíos. Es un hecho histórico y ellos quieren mostrarle sus respetos estando allí». Anthony cuenta que su tío, antes de ir al hotel para hacer las maletas de vuelta a Londres, le dijo: «No importan la lluvia, ni hacer cola para despedirla. Será un gran honor».

Bajando la calle, camino de la playa, surge Mary, de 25 años y estudiante. Como la mayoría de los británicos de Benidorm, se ha tomado una semana de descanso junto con sus padres. Confirma que todos los ciudadanos ingleses recuerdan a la Reina como una persona «extremadamente educada y divertida. Tenía un gran sentido del humor». Cuenta la anécdota de cuando recibió una oferta para participar en una película de James Bond, junto al actor Daniel Craig, quien interpretaba al mítico agente 007.

La escena en si, consistía en que la Reina recibía a James Bond en Buckingham Palace y acudía junto a él a los juegos Olímpicos de Londres de 2012, tirándose ambos en paracaídas desde un avión. Ante esta propuesta, la Reina puso tres condiciones: que debían aparecer en escena sus adorados perritos y que quería decir al menos una frase. Pero que, lógicamente, ella no podía ser la nueva chica Bond, lo que provocó la risa de los asistentes a la reunión y del propio Craig. La frase que le propusieron decir era: «Buenas tardes, James», a lo que ella dijo, «¡no! No tengo la confianza suficiente como para tutearle, diré Buenas tardes, Sr. Bond, así debe ser». Y así fue y así quedó en la película. Era una gran fan del agente británico más famoso del mundo.

Pesar y minutos de silencio en los bares

Estando con Mary, llega Davis, otro británico en Benidorm. Tiene los ojos acuosos pero se le ve con cierto orgullo. Cuenta que le consta que Isabel II «sentía cariño por España, por el rey emérito don Juan Carlos y porque sabía que su nieto Harry había venido de fiesta en varias ocasiones a Benidorm y a Ibiza. Y le contó maravillas de estas ciudades».

Resulta curioso la familiaridad con la que Davis habla de Isabel II. Como si la hubiera conocido en persona, como si fuera alguien más de la familia. Alguien realmente querido. Dice que sus abuelos «conocieron Inglaterra con ella siendo Reina; sus padres conocieron Inglaterra con ella siendo Reina, él ha conocido Inglaterra con ella siendo Reina»: ahora «estamos como perdidos».

El día del anuncio de la muerte, se bebió muchos menos en los bares de Benidorm, se bailó menos, hubo menos risas y el cielo, literalmente, se nubló. Al día siguiente, la ciudad amaneció con las banderas inglesas ondeando a media asta. Bajo una de ellas se puede leer: «La comunidad británica afincada en este distrito español comunica nuestros más profundos, sinceros y cariñosos deseos y pésame al rey Carlos III y a la Familia Real. Nunca la olvidaremos«.

Hubo minutos de silencio, muestras de pesar y luto en calles y bares. Carteles con su nombre y su rostro inundaron la ciudad. Y muchísimos ciudadanos británicos mostraron dolor. A día de hoy, una semana después, los carteles de Isabel II siguen exhibiéndose. Y se acumulan más flores. Y se sigue respirando nostalgia.

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