Ha llegado el día. España vive este miércoles 12 de agosto su primer eclipse total de Sol desde 1912, un fenómeno que solo puede observarse a simple vista sin peligro durante los segundos exactos de la totalidad. Fuera de esa breve ventana, mirar directamente al Sol sin protección homologada puede causar quemaduras irreversibles en la retina, según advierten los especialistas.
España es el mejor lugar del mundo para contemplar este fenómeno, cuya franja de totalidad atravesará 13 comunidades autónomas (Galicia, Asturias, Cantabria, Castilla y León, La Rioja, País Vasco, Navarra, Aragón, Comunidad de Madrid, Castilla-La Mancha, Cataluña, Comunidad Valenciana e Islas Baleares).
El eclipse no comenzará a la misma hora en toda España. La hora exacta dependerá de la ciudad desde la que se observe. Según el Instituto Geográfico Nacional, el eclipse comenzará a las 17:34 horas (hora peninsular) en el mar de Bering y terminará a las 21:58 horas en el océano Atlántico. El máximo de este fenómeno se producirá sobre las 20:30 horas, y la duración máxima de la totalidad será de entre uno y dos minutos.
El oftalmólogo Francisco Cabrera, de la Sociedad Española de Oftalmología, explica que la radiación solar, sobre todo la ultravioleta, provoca quemaduras graves e irreversibles en la retina por un efecto fotoquímico, agravado por el calor que genera la radiación infrarroja. Lo más peligroso, señala, es que este daño no duele: la retina carece de terminaciones nerviosas, así que muchas personas no notan la lesión hasta horas o incluso días después de haber mirado al Sol.
La lesión que puede producir esta exposición se conoce como retinopatía solar. Sus síntomas incluyen pérdida de agudeza visual, manchas oscuras en el centro del campo de visión, distorsión de las imágenes y mayor sensibilidad a la luz. A diferencia de otras lesiones oculares, no remite con el tiempo: el daño es irreversible.
La exdiputada de Ciudadanos en el Parlamento de Andalucía Mercedes López es un ejemplo de las consecuencias que puede tener no protegerse. A los ocho años, jugando en el patio del colegio de Dalías (Almería) durante un eclipse, ella y otros niños se escondieron para mirar directamente al Sol sin que ningún adulto los viera: «Empezamos a decir que a ver quién aguantaba más», ha recordado.
La pérdida de visión fue progresiva y no la detectó hasta los 14 años, cuando fue incapaz de leer los números de la pizarra en clase. Hoy conserva solo un 10% de visión y describe lo que ve como «como si hubiera mucha niebla siempre».
Ante el eclipse de este miércoles, López ha lanzado una advertencia rotunda: «No son conscientes del peligro que supone». Su recomendación va incluso más allá de la de los especialistas consultados, ya que pide directamente no mirar el fenómeno, ni siquiera con gafas homologadas.
El Ministerio de Consumo recuerda que ni las gafas de sol convencionales, ni las radiografías, ni los CD o DVD, ni los cristales ahumados ofrecen una protección adecuada. Solo son seguras las gafas específicas para eclipses que cumplan la norma internacional ISO 12312-2:2015, cuenten con marcado CE y declaración de conformidad de la UE. Ese filtro debe bloquear prácticamente toda la radiación solar, dejando pasar como mucho un 0,0032% de la luz visible.
El Instituto Geográfico Nacional recomienda revisar físicamente las gafas antes de usarlas: si el filtro está rayado, suelto, doblado, tiene zonas más claras o presenta cualquier defecto, no deben utilizarse, porque un fallo mínimo puede dejar pasar luz dañina. También aconseja comprobar que el marcado CE sea auténtico, que el envase incluya el nombre del fabricante e instrucciones claras, y desconfiar de las gafas que solo citan la norma ISO 12312-1, que regula las gafas de sol normales y no protege frente al eclipse.
Incluso con una protección certificada, el oftalmólogo Francisco Cabrera recomienda no observar el eclipse durante más de tres minutos seguidos, haciendo pausas de al menos 20 segundos entre una mirada y otra.
El Ministerio de Consumo insiste además en mantener las gafas puestas durante todas las fases parciales, antes y después de la totalidad, en vigilar especialmente a niños y personas mayores, que pueden quitárselas sin darse cuenta del riesgo, y en no usar cámaras, prismáticos o telescopios con las gafas de eclipse puestas si esos aparatos no llevan su propio filtro solar específico.
La totalidad -el instante en que la Luna cubre por completo el disco solar- es la única fase del eclipse en la que se puede mirar directamente sin protección, y solo mientras dure, ya que en ese momento no llega luz solar directa a la Tierra. En cuanto reaparece el primer destello de Sol, es imprescindible volver a colocarse las gafas homologadas.