Los genios

26 de enero de 2025
1 minuto de lectura
Ilustración Rafael Bonacasa.

El último libro debería ser siempre el que no se ha leído y el gesto de abrirlo un acto rutinario. De él puede esperarse todo como un camino desconocido que nos lleva a alguna parte.

Sin rumbo no hay destino, si perdemos este no mereció la pena salir hacía ningún sitio. Aborrecer siempre el pensamiento único que tratan de imponernos. Quedarnos sin matices es como no salir del espacio en el que nos nacieron. Quién sólo defiende y procura lo suyo no avanza. A veces no calculamos la imperceptible distancia.

El abismo es aún mayor entre los iguales si nos forman bajo manoseados clichés tan caducos como los que los inventaron. Aquellos tiempos ya no pueden ser estos.

Las palabras cercenadas por lo políticamente correcto, las oraciones no forjadas en la tradición sino en la invisibilidad de las ideas, tan tercas como mudas.

El cuidado de no ofender que produce aún más daño o pretender entender lo imperdonable. Creer que construimos algo mejor para el resto mientras uno poco a poco se va desarraigando.

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