Las centrales nucleares españolas podrían prolongar su actividad durante décadas si mantienen las condiciones de seguridad exigidas por el organismo regulador. Así lo sostienen fuentes de la Sociedad Nuclear Española (SNE), que consideran que la edad de una planta no debería determinar por sí sola el momento de su cierre.
El sector pone como ejemplo la central estadounidense de North Anna, en Virginia, cuyas características son similares a las de Almaraz y Ascó. La instalación cuenta con autorización para alcanzar los 80 años de operación, un horizonte muy superior al previsto actualmente para la mayoría de los reactores españoles.
“Las centrales nucleares en España y en el mundo están en condiciones de operar mientras su condición sea segura”, señalan desde la SNE. La organización recuerda que el funcionamiento de estas instalaciones está sometido a una supervisión periódica del Consejo de Seguridad Nuclear (CSN), que evalúa su estado y las condiciones necesarias para mantenerlas activas.
Según el sector nuclear, el tiempo transcurrido desde la construcción de una central no constituye por sí mismo un límite técnico. Lo determinante, sostienen, es que sus sistemas, equipos y estructuras continúen cumpliendo los requisitos de seguridad establecidos.
La posibilidad de prolongar la vida de las centrales choca con el calendario de cierre acordado en 2019 por los propietarios de las instalaciones —Iberdrola, Endesa y Naturgy— con Enresa.
España cuenta con cinco centrales nucleares y siete reactores: Almaraz, en Extremadura; Ascó y Vandellós, en Cataluña; Cofrentes, en la Comunidad Valenciana, y Trillo, en Guadalajara.
El Gobierno ha aprobado recientemente la prórroga de Almaraz, que continuará operativa hasta el 8 de junio de 2030. El calendario contempla además el cierre de Ascó I el 2 de octubre de 2030 y de Cofrentes el 30 de noviembre de ese mismo año.
Ascó II tiene previsto finalizar su actividad en septiembre de 2032, mientras que Vandellós II y Trillo tienen fijado su cierre para febrero y mayo de 2035, respectivamente.
De cumplirse esas fechas, los reactores españoles cesarán su actividad con edades que oscilarán aproximadamente entre los 45 y los 49 años.
La central de North Anna se ha convertido en uno de los principales ejemplos utilizados por el sector para defender que una instalación nuclear puede superar ampliamente las cuatro décadas de actividad.
La planta estadounidense, de características similares a Almaraz y Ascó, dispone de autorización para operar durante 80 años. Para la industria nuclear española, este caso demuestra que la prolongación de la vida útil puede ser técnicamente viable siempre que las instalaciones superen las correspondientes evaluaciones de seguridad.
En el caso de Almaraz, Centrales Nucleares Almaraz-Trillo (CNAT), sociedad propietaria de la planta extremeña, ya defendió sus condiciones técnicas para continuar funcionando y puso precisamente a North Anna como referencia.
La compañía señaló que mantener la instalación en condiciones óptimas requeriría inversiones continuadas para actualizar, modernizar y mejorar sus equipos, con una estimación de unos 50 millones de euros anuales.
El futuro del parque nuclear español vuelve así a situarse en el centro del debate energético. Mientras el calendario oficial mantiene el cierre progresivo de las centrales durante la próxima década, el sector defiende que existe margen técnico para mantenerlas en funcionamiento durante mucho más tiempo.
La cuestión queda condicionada, en cualquier caso, a las evaluaciones periódicas del CSN y a las decisiones que adopten el Gobierno y los propietarios de las instalaciones. Para la industria, el criterio fundamental no debería ser la edad de los reactores, sino su capacidad para continuar operando de forma segura.