No hace muchos años, los recuerdos estaban en la memoria y en los álbumes de fotos. Ahora están almacenados en la nube.
Y no porque seamos más organizados, sino porque ya no sabemos vivir sin demostrar que hemos vivido.
Ahora la gente no va a ver un concierto, va a grabarlo. No va a comer, va a fotografiar el plato. No se emociona, lo sube.
Hay parejas que no se besan hasta que la cámara está preparada. Amigos y familias que no brindan hasta que alguien dice: «Espera que voy a por el móvil». Y personas que no parecen disfrutar si no reciben suficientes likes para justificar el momento.
La vida convertida en contenido.
No importa tanto lo que pasa, sino cómo queda en vídeo. No importa tanto lo que sientes, sino lo que parece que sientes.
Vivimos con el móvil en la mano como si fuera una extensión del cuerpo. Lo sacamos para todo: para reír, para llorar, para enfadarnos, para indignarnos; para anunciar que estamos enfermos, comiendo, trabajando, estudiando, haciendo deporte, etc.
Si algo no se graba o se captura, es como si no hubiera ocurrido. Y eso tiene un precio. Porque mientras grabas, no miras. Mientras subes post o reels, no sientes. Mientras piensas en el ángulo o en la pose, se te escapa el momento.
Nos estamos perdiendo cosas por querer enseñarlas.
Hay padres que graban a sus hijos en vez de jugar con ellos. Personas que ven fuegos artificiales a través de una pantalla. Gente que va a lugares preciosos… pero no los pisa, los captura.
Y luego está la otra cara: la presión.
La obligación de mostrar que tu vida es interesante, como las demás. Que eres feliz. Que te va bien. Aunque no sea verdad. Aunque estés roto por dentro. Aunque tengas un lunes horrible, lo disfrazas con un filtro y una frase motivadora. Y todo por conseguir más seguidores. Por demostrar quién da más.
La vida no es una story. No es una casa de apuestas. No es un escaparate.
La vida es un proceso. Con días buenos, malos, silencios, errores y momentos que no quedan bonitos en fotos o vídeos, pero son los que más te cambian
Quizá va siendo hora de hacer algo revolucionario: Guardar el móvil. Mirar a los ojos de la persona que tienes delante. Vivir sin testigos.
Porque la vida no se hizo para ser grabada. Se hizo para ser vivida.