Escribí el otro día haciéndome eco de una enseñanza común, que no debe uno acercarse a los que nos dan la razón, sino a los que dicen la verdad. Las leyes españolas, sin embargo, han decidido que la verdad es una cuestión de mayorías. Y como el Presidente de Gobierno tiene en el Congreso la mayoría, en consecuencia, aun siendo mentiroso, es el dueño de la verdad.
Y así procede despreciando a las universidades privadas enalteciendo a las públicas, aunque él lleva a sus hijas a las privadas, por si acaso. La Mareta, fue cedida por el Rey Juan Carlos al Estado para mejorías turísticas, no al Gobierno, pero como el Estado es él, igual que Luis XIV, pues la usa cuando quiera. Si está obligado a presentar cada año los presupuestos oficiales, como la verdad empieza y termina en su decisión, los deja para otro día mientras Casa Real tira de ahorros para afrontar gastos… Las cuentas en general están alborotadas, pero no falta dinero para sus largas vacaciones de jeque ni para satisfacer a los que hacen posible su mayoría y su verdad.
El que asume la corrupción general también está corrompido. Y no lo sabe.
Pedro Villarejo