La forma en la que se gestionan los tratamientos médicos antes de una operación está cambiando. Un reciente estudio de la Sociedad Española de Farmacia Hospitalaria pone sobre la mesa una idea clave: en la mayoría de los casos, no es necesario suspender la medicación crónica antes de pasar por quirófano. De hecho, mantener estos tratamientos puede ser fundamental para evitar complicaciones.
El informe, publicado en la revista científica Farmacia Hospitalaria, analiza en profundidad cómo deben manejarse los medicamentos en el periodo perioperatorio. Sus conclusiones son claras: cerca del 65% de los tratamientos crónicos pueden continuar hasta el mismo día de la cirugía sin poner en riesgo al paciente. Este dato supone un cambio relevante frente a prácticas más conservadoras que, durante años, han llevado a suspender medicaciones de forma preventiva.
Uno de los principales riesgos de interrumpir tratamientos crónicos es la descompensación de enfermedades de base. Pacientes con patologías cardiovasculares, metabólicas o inflamatorias pueden ver agravado su estado si se suspende su medicación sin un criterio claro.
En este sentido, el estudio destaca la importancia de realizar una adecuada conciliación de la medicación, es decir, revisar de forma individualizada qué fármacos deben mantenerse, ajustarse o suspenderse. Este proceso no solo mejora la seguridad del paciente, sino que también reduce el riesgo de eventos adversos durante y después de la intervención.
Además, una mala gestión farmacológica puede tener consecuencias importantes en la organización hospitalaria. De hecho, uno de los motivos más frecuentes de cancelación de cirugías programadas está relacionado con el uso inadecuado de ciertos medicamentos, especialmente anticoagulantes y antiagregantes. Por ello, contar con criterios claros resulta esencial para evitar imprevistos.
El gran valor de este trabajo reside en la creación de una guía práctica basada en evidencia científica reciente. En ella se establecen recomendaciones concretas para 76 subgrupos farmacológicos, incluyendo tratamientos menos estudiados hasta ahora, como las terapias biológicas o incluso algunos productos de fitoterapia.
Este enfoque permite avanzar hacia un modelo más homogéneo y seguro en todos los hospitales, evitando decisiones arbitrarias y mejorando la calidad asistencial. Además, refuerza el papel del farmacéutico hospitalario como parte esencial del equipo médico, especialmente en momentos tan delicados como el entorno quirúrgico.
Los expertos insisten en que este cambio de paradigma no solo beneficia a los profesionales, sino también a los pacientes, que pueden afrontar una cirugía con mayor estabilidad clínica. Aun así, subrayan que es necesario seguir investigando y recopilando datos para perfeccionar estos protocolos, especialmente en áreas complejas como las terapias biológicas, que siguen planteando desafíos.