La doctora Ana María Román, jefa de Ginecología del Hospital Sanitas La Moraleja, ha instado a las mujeres a no aceptar el dolor menstrual intenso como algo natural. Según la experta, cuando el malestar limita la actividad diaria, provoca absentismo o no cede ante analgésicos comunes, es fundamental realizar una valoración especializada para descartar patologías subyacentes como la endometriosis.
Esta enfermedad, que afecta aproximadamente al 10% de la población femenina mundial según la OMS, se produce cuando tejido similar al endometrio crece fuera del útero. Aunque históricamente se asociaba a mujeres adultas, los especialistas advierten de que cada vez se detecta más en adolescentes, un grupo donde el retraso en el diagnóstico sigue siendo un problema crítico por la tendencia a minimizar los síntomas.
El diagnóstico tardío no solo empeora el pronóstico físico, sino que tiene un severo impacto emocional. La psicóloga María Calle destaca que muchas jóvenes sufren ansiedad ante la llegada del periodo y se sienten incomprendidas por su entorno. Este cuadro puede derivar en problemas de sueño, cambios de humor y dificultades de concentración, afectando directamente a su bienestar psicológico y social.
Para facilitar una detección precoz, los especialistas recomiendan prestar atención a señales de alerta más allá del sangrado. El dolor durante las relaciones sexuales, las molestias al orinar o defecar durante el ciclo y el dolor pélvico crónico fuera de la menstruación son indicadores clave que deben comunicarse al ginecólogo en las revisiones periódicas.
Como herramienta práctica, Sanitas sugiere llevar un registro detallado del ciclo menstrual que incluya la intensidad y duración del dolor. Este diario de síntomas permite a los profesionales identificar patrones con mayor rapidez, evitando complicaciones a largo plazo y mejorando significativamente la calidad de vida de las pacientes mediante tratamientos adecuados.