La Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer han publicado un análisis exhaustivo que advierte sobre un impacto global sin precedentes: una de cada cinco personas desarrollará cáncer a lo largo de su vida.
Con 20,6 millones de nuevos casos registrados en 2024, las proyecciones son alarmantes, estimando que para el año 2050 la cifra de diagnósticos anuales alcanzará los 35 millones, consolidando a esta enfermedad como una de las principales causas de mortalidad prematura en el mundo.
El informe pone de relieve una profunda brecha sanitaria que condiciona la supervivencia de los pacientes según su lugar de residencia y situación económica. Mientras que en las regiones más desarrolladas se detectan los tumores en etapas tempranas, en países de ingresos bajos la mayoría de los diagnósticos, especialmente en cáncer de mama, se producen en estadios avanzados.
Esta disparidad provoca que, aunque el riesgo de padecer cáncer sea estadísticamente menor en zonas como el África subsahariana, la tasa de mortalidad sea equivalente a la de los países más ricos.
Más allá del ámbito clínico, el impacto social y económico es devastador. Cerca del 50% de los pacientes reporta la pérdida de relaciones personales cercanas, mientras que el 60% sufre angustia psicológica.
A esto se suma una crisis financiera para los hogares: los costes médicos asociados al tratamiento oncológico arrastran a miles de familias a la bancarrota, un problema que persiste ante la falta de cobertura sanitaria universal, ya que solo el 39% de los países incluye servicios oncológicos esenciales en sus sistemas públicos.
A pesar de este panorama, la OMS subraya avances esperanzadores en la prevención, destacando la reducción del 27% en el consumo de tabaco desde 2010 y el impulso a la vacunación contra el virus del papiloma humano.
Sin embargo, el organismo insiste en que el progreso sigue siendo insuficiente para alcanzar los objetivos de 2030, instando a los gobiernos a cerrar las brechas en la atención básica y a fortalecer las políticas de salud pública para frenar una carga de enfermedad que ya afecta directa o indirectamente a casi la totalidad de la población mundial.