La idelogía de los jueces

16 de septiembre de 2022
2 minutos de lectura
Justicia
Mazo de la justicia. I Fuente: Public Domain Pictures

JUVENAL

Los jueces son ciudadanos de la Nación donde imparten justicia. Si se trata de una democracia con Estado de derecho están sometidos a la ley. No pueden contradecir la ley en ninguna de sus decisiones, cometiendo el delito de prevaricación si lo hicieran. Pero lo anterior, no significa que los jueces no tengan una determinada ideología, ni puedan dar su opinión. Es absurdo decir que los jueces carecen de ideología porque no son seres inanimados, ni máquinas. La garantía del Estado de derecho supone que la ley obliga a todos los ciudadanos y también a sus intérpretes. De modo que un juez puede ser de izquierdas o de derechas, pero debe ser totalmente imparcial aplicando la ley.

El problema de la desconfianza de los ciudadanos respecto de la ideología de los jueces, en mi opinión, no radica en los mismos jueces, sino en la ley que tienen que interpretar. Cuando la ley admite diversas interpretaciones por los términos de la misma, entonces la ideología del juez puede influir en sus decisiones. Y por eso, se habla del juez «progresista» o «conservador».

Por ejemplo, si la ley dice que al investigado por un delito castigado con pena superior a dos años de prisión, se le puede imponer prisión preventiva, la idea que tenga el juez sobre la Seguridad Pública y el Orden Público y la finalidad de las penas, determinará que el investigado quede o no en libertad.

Por el contrario, si la ley dice que al investigado por un delito con pena superior a dos años se le debe imponer prisión preventiva, la idea del juez sobre los conceptos que hemos dicho antes no puede hacer que no se dicte la prisión preventiva. Por lo tanto, si se quiere que los jueces sean independientes, y su ideología no afecte a sus decisiones, se requieren leyes que no dejen margen a la interpretación, para que los jueces sean «La boca muda que pronuncia las palabras de la ley», como dijo Montesquieu, el ideólogo de la separación de poderes.

Si una ley no gusta, debe ser derogada por otra elaborada por el parlamento elegido por la Nación, y no ser corregida o no aplicada por la decisión de un juez. No echemos la culpa a los jueces por tomar decisiones si la ley no es clara. Exijamos al legislativo que sea claro en la elaboración de las leyes, y los ciudadanos no tendrán que preguntarse si el juez es progresista o conservador porque dará lo mismo.

Produce un espectáculo bochornoso que se sepa de antemano cual va a ser la decisión de un tribunal por la ideología de los que lo componen. Sería ideal que dicha ideología fuese irrelevante, al no permitir la ley interpretación alguna. Correspondería a los jueces la valoración de la prueba, y ahí también influiría su ideología, pero en menor medida. Y aun así, la ley puede establecer un elenco de pruebas tasadas, cuya interpretación no quede al libre albedrío de los jueces.

Si lo que he dicho parece duro y «poco democrático», que nadie se queje entonces de que la ideología de los jueces puede influir en sus decisiones de forma determinante.

JUVENAL

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