En la conocida mitología griega, Casandra significa «la que enreda, la poco fiable». Hizo un pacto con Apolo para que, a cambio de una relación carnal, Casandra tuviese el don de profetizar. Sin embargo, a la hora de la coyunda ella se echó atrás y Apolo la maldijo asegurándole que sería mentira todo lo que saliera de su boca. Desde entonces, ya nadie la creyó por más que dijera alguna que otra verdad, como el anuncio del Caballo de Troya. La boca se le volvió redonda, asegura Frigio; era más bien bajita y miraba con ojos de mujer fatal.
Desconocemos los pactos que haya podido hacer el Presidente de Gobierno con Marruecos y los independentistas, desde luego no serán como los de Apolo y Casandra: ninguno está ya para arrebatos. Pero lo cierto es que han volado para los alauitas 755 millones con el fin de arreglar sus ferrocarriles, sin que en los nuestros haya siquiera mantenimiento. Y a Junqueras y a Puigdemont, bajo cuerda les ha prometido el oro incesante, porque el moro ya está comprometido.
Que nadie se preocupe. Excepto Cataluña, los demás llegaremos un día a ser ordinales.
¿Cómo creer a Casandra?