Cuando un homenaje no emociona se convierte en antihomenaje. Algo así ocurrió con el último Funeral de Estado laico para ofrecer una oración sin destino a los trágicamente muertos por la Dana. En Valencia se pretendió manifestar al mundo que España no es católica, ni judía, ni musulmana, y que todos los que murieron en la tragedia eran entes de razón colgados en la rama de la indiferencia. Muchos de los personajes que acudieron a la representación llevaban una rosa en la mano como enamorados del esperpento.
En estos días se pretende un nuevo Funeral laico para honrar a las víctimas del Ave que en Adamuz dejaron sus vidas, aún no se sabe si por una negligencia del mismo Estado que organiza los homenajes, o por cualquier otra incapacidad de los que están ocupando responsabilidades que no les corresponden. Muertos están, sin remedio y con el inmenso dolor de España. Mientras, el Presidente de Gobierno, con la anuencia al parecer del Presidente de la Junta de Andalucía, oído supuestamente el criterio de la Reina, pretenden otro esperpento de funeral para deshonrar a unos difuntos católicos en una tierra donde la Virgen del Rocío es Pastora sufriente.
Desde el cielo, las almas de la Dana tuvieron que gritar, si es que desde el cielo se grita, al ver arrojada su memoria a un pebetero con la llama de la inmortalidad a medio gas, como la intención ideológica de los organizadores. Somos hijos de una cultura lineal que no se detiene en un círculo endogámico, sino que se proyecta al infinito, donde cada día se descubre la sorpresa de una novedad oculta.
Los círculos, al dar vueltas sobre sí mismos, terminan pudriendo los sueños si alguna vez los hubo.
El pensamiento de Jesucristo se asoma a lo creativo que nos brinda el instante, propiciando los vientos que cambian las cosas de su sitio buscando mejores aposentos. Con Jesucristo no hay fronteras, sino indescifrables paraísos que muchos hemos elegido como sustento de vida y, ahora, nos lo quieren borrar en las plegarias de la muerte para que nadie celebre lo felices que fuimos siguiendo sus pasos. Me niego a estos homenajes panfletarios sin alma y sin compromiso. El ser humano no es una presencia que se olvida, sino una eternidad que se prolonga.
Estos Funerales laicos son un intento de acabar con Dios silenciando las formas que a Él conducen, como la desembocadura de un amor que aquí no puede resolverse. Los funerales laicos no pretenden unificar las identidades de los homenajeados, sino aniquilar sus inocencias.
Con semejantes actitudes, nos seguirán las sombras.