Hasta hace poco, las primeras palabras de la mañana se las dedicábamos a Dios por la luz del nuevo día; ahora, nos levantamos atormentados hasta comprobar si hubo un nuevo tren descarrilado, otro Maduro sorprendido, algún que otro Puigdemont beneficiado, si se aprobaron por fin los presupuestos, a cuánto ascendió la deuda billonaria, con qué nueva sensatez se ha despertado la ministra Yolanda y… cuántos aranceles empobrecerán nuestras compras, o si a Trump se le ha ocurrido confundir Andalucía con Groenlandia y se ha empeñado en comprarla, «cueste lo que cueste», para entretenerse con ella en Mar-a-lago… Esto es un sinvivir.
Tengo yo a mi parecer que Trump ramifica su locura según el amanecer de Melania y que, como es viejo, multimillonario y casi todopoderoso, sigue dispuesto a reírse de todos enseñando sus bombas, como Isabel Pantoja enseñaba sus dientes. Ignora el enemigo Donald que con las cosas de comer no se juega y que se es prepotente hasta que se deja de serlo… los demás también tienen bombas y esperemos que algo más de sentido común.
Por si acaso, Veraluz ya está limpiando sus cañones.