Si para la vida cotidiana es propiamente ventajoso distinguir entre la figura y el fondo en la personalidad de aquellos con quienes nos relacionamos; en materia educativa es fundamental para aupar las aptitudes de los alumnos. Recordando un pensamiento de Jorge Luis Borges: «Después de un tiempo, uno aprende la sutil diferencia entre sostener una mano y encadenar un alma»; y en los menesteres de la educación el docente debe calibrar su papel para permitir al pupilo liberar su alma y su talento.
Quienes persiguen logros significativos de avance académico otorgan medular importancia a la comprensión de corrientes como el humanismo, el psicoanálisis y el constructivismo. En ellas, las figuras dimensionadas dentro del contexto cobran especial relevancia en la percepción de los talentos del estudiante. Un filme de trascendental categoría educativa como «Descubriendo a Forrester» nos muestra cómo el joven Jamal Wallace, percibido bajo la figura de jugador de baloncesto, escondía en su fondo la madera de un renombrado escritor. Fue su mediador quien vio en él esa capacidad sin desairar su talento deportivo.
En las tareas del docente como facilitador, es particularmente útil descubrir en el alumno su figura y su fondo para fomentar el desarrollo de aquellas destrezas que se encuentran latentes. El docente convencido de estar al servicio de los demás, consciente de que su actividad es un apostolado, estará expectante respecto a la personalidad de sus participantes. Sabrá sacar provecho de los rasgos que le dan relevancia e importancia a la característica única que diferencia a cada individuo de los otros.
«No basta con ver lo que el alumno muestra; la maestría reside en advertir lo que su espíritu aún mantiene oculto». Crisanto Gregorio León.
Doctor Crisanto Gregorio León
Profesor Universitario