El Papa León XIV ha escuchado este jueves en el muelle de Arguineguín el testimonio de una mujer de Nigeria víctima de trata secuestrada por una mafia que la violó, la separó de su bebé tras una peligrosa travesía en patera hacia España y que la obligó a prostituirse.
Según su relato, que ha sido leído por otra mujer para proteger su privacidad, decidió salir del país con 22 años para darles un futuro a sus hijas, a las cuales tuvo que dejar atrás tomando «la decisión más difícil» de su vida.
Cuando intentaba salir de su país, fue captada por una mafia que la retuvo seis meses sin apenas comer, sin poder bañarse durante semanas, hasta que decidió arriesgarse y cruzar el mar.
«Vi cómo las personas que salieron antes que nosotros ese mismo día murieron ahogadas. Tuve que elegir. Vivir sufriendo o cruzar y jugármela. Morir intentándolo, o quedarme y no tener nada. Elegí cruzar», ha señalado.
Si bien, ha contado que su sufrimiento no terminó ahí pues durante el viaje quedó embarazada de un hombre de la mafia y al llegar a España le quitaron a su bebé para obligarla a prostituirse.
Once meses después, cuando la policía detuvo a los traficantes que la tenían presa, pudo rehacer su vida con la ayuda de la Iglesia y de las trabajadoras sociales.
«No ha sido fácil, y hay días en que la esperanza se hace muy pequeña. Pero he aprendido a creer en mí misma de nuevo. He aprendido que puedo lograrlo», ha afirmado.
Por su parte, el capitán de Salvamento Marítimo en la Guardamar Urania, Tito Villarmea, que lleva 18 años en este organismo público ha contado cómo en estos años ha rescatado, junto a su equipo, a «más de 20.000 personas».
«Es una cifra que duele y que no se olvida. Todos conocemos la imagen de Canarias de día, pero de noche es otra realidad: mar brava, oscuridad absoluta y embarcaciones frágiles cargadas de vidas», ha subrayado, hablando en nombre de los más de 1.600 profesionales de Salvamento Marítimo.
Según ha relatado, «nunca» olvidará a una madre que viajaba en una patera con su hijo, entre heridos y cuerpos sin vida. «Ya a salvo a bordo, la mujer se acercó al niño, de unos 14 años, le quitó el gorro y la cazadora y sacó unos pendientes dorados para colocárselos. Era una niña. Lloró ella y lloré yo, porque soy padre de dos adolescentes. Podrían haber sido mis hijas», ha expresado, al tiempo que ha deseado «nunca más tener que rescatar a nadie».