El optimismo de la voluntad

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Daniel Gómez Fontecha

Daniel Gómez-Fontecha / Desde que Alberto Núñez Feijóo asumió el liderazgo del PP, aupado a los cielos como el mesías salvador capaz de resucitar y llevar al Gobierno a un partido que se hundía en guerras sucias, se ha caracterizado por tender continuamente la mano y ofrecerse al Partido Socialista y a sus votantes, posiblemente con el sueño de materializar algún día la tan ansiada por algunos “gran coalición” o un gran acuerdo mediante abstenciones mutuas que logre calmar las aguas, realizar grandes reformas y fortalecer el Estado.

Una de las muchas críticas que los sectores conservadores y liberales más reprocharon al antiguo presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, fue su política de inmovilismo ante la idea y el convencimiento de que los problemas se arreglarán con el tiempo y que una vez que las tormentas amainasen, todo iría a mejor.

Pero como se ha demostrado, la realidad es que ese optimismo que tanto caracterizó al señor Rajoy no solamente no funciona, sino que resulta contraproducente porque lo único que provoca es alargar el problema para que el que venga detrás, cuando la situación ya sea insostenible o tenga la voluntad de hacerlo, lo solucione.

Pues bien, el señor Feijóo no debe caer en lo mismo si quiere aspirar a ser un presidente del Gobierno que realmente solucione los graves problemas de este país. Una gran coalición no solo resulta, como esa fantasía de Rajoy, una gran utopía en vista de qué socios que hoy prefieren los socialistas, sino que como Pablo Casado argumentó en su día para no abstenerse en la investidura de Sánchez; el Congreso se quedaría sin ninguna oposición razonable que tuviera la fuerza necesaria para convocar, si así se considera, una moción de censura.

El país, como toda nación democrática, necesita una alternativa seria y fuerte para controlar al Ejecutivo y los grandes partidos del sistema deben ser muy conscientes de esta cuestión. Dejar la bandera del antagonismo político en manos del proyecto de Yolanda Díaz, los nacionalistas/independentistas y VOX resultaría un grave error que conduciría inevitablemente al aumento de estos partidos y al hundimiento irremediable de los partidos coaligados.

Si uno de los muchos problemas que provocó la caída de Pablo Casado y por el que el partido pidió a gritos a Núñez Feijóo, era el peligroso y descontrolado ascenso del partido de Abascal, resultaría inverosímil dejarle en bandeja al líder del partido verde la medalla de líder de la oposición, ya que supondría toda una invitación para que, más pronto que tarde, se produzca el ‘sorpasso’ por la derecha.

Pero más allá de esto, también es necesario analizar el giro a la izquierda que ha dado Pedro Sánchez al PSOE y la mala imagen que han ido acumulando los socialistas después de cuatro años gobernando. Hoy en día, el Partido Socialista es una organización sin ningún tipo de equilibrio interno, cuyos mecanismos de control internos han sido subordinados al secretario general, en el que algunos actuales mandatarios han llegado al punto de criticar y casi despreciar a un líder histórico como Felipe González y cuyas bases han virado también hacia la izquierda.

Por ello, para cierto sector de votantes del Partido Popular, resulta algo chocante ver al expresidente gallego criticar duramente al gobierno por los indultos a los independentistas, por su intervención en poder judicial y en las instituciones, su errática política exterior o por la mala situación económica y al mismo tiempo, a ese mismo partido cuyo líder dice que el PP estorba, ofrecerle pactos y tenderle la mano en virtud de “lo que es bueno para España”,  la “moderación” o para “despodemizar” al Ejecutivo.

Pretender que el presidente del Gobierno acepte o aplique una propuesta de los populares, (exceptuando grandes cuestiones en las necesite una mayoría amplia) por muy buena intención e iniciativa que sea, resulta hoy muy inocente. Y si alguna vez lo hace, como fue con la bajada del IVA de la luz al 5%, será adjudicándose a sí mismo esa medalla.

Si es verdad que el PSOE sufre una caída en las siguientes elecciones generales, una posible recuperación por la vía de un/a nuevo líder no significaría en absoluto que el partido fuese a dar un giro al centro y deseche lo realizado hasta ahora. ¿Por qué un futuro líder del PSOE iba a aceptar una gran coalición o volver a abstenerse ante un gobierno conservador? ¿A cambio de qué y para aplicar qué políticas? ¿Se arriesgarán a un posible hundimiento total como ha ocurrido en Francia?

Feijóo no puede seguir con la política del optimismo de la voluntad, no puede continuar fantaseando con una utopía. En este contexto político, no hay lugar para el mítico “ya se solucionará” o para confiar en el “cuando se vaya Sánchez, el PSOE seguro que acepta…”

El líder gallego debería apostar por la política real y aceptar que, como dijo Iván Redondo, le tocará gobernar con el inevitable y forzoso apoyo de VOX, ya sea con acuerdo de investidura o de gobierno si no tiene escaños suficientes, o bien en solitario si logra una mayoría “estilo Ayuso” o absoluta, con la que poder reformar el país y afrontar la gran crisis que se avecina.

Daniel Gómez-Fontecha es estudiante de Historia y Periodismo en la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid.

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