El estreñimiento veraniego es un fenómeno común y, en la mayoría de los casos, pasajero: basta con recuperar los hábitos habituales al volver de vacaciones para que el intestino vuelva a su ritmo en pocos días. Así lo explicia para Infosalus la doctora María Muñoz Tornero, especialista en aparato digestivo del hospital IMED Virgen de la Fuensanta, y aclara además que no existe una frecuencia «correcta» de evacuación: el rango normal va de varias veces al día a solo tres veces por semana, siempre que no haya esfuerzo ni malestar.
El estreñimiento veraniego es un fenómeno común y, en la mayoría de los casos, pasajero: basta con recuperar los hábitos habituales al volver de vacaciones para que el intestino vuelva a su ritmo en pocos días. Así lo explica la doctora María Muñoz Tornero, especialista en aparato digestivo del hospital IMED Virgen de la Fuensanta, quien aclara, además, que no existe una frecuencia «correcta» de evacuación: el rango normal va de varias veces al día a solo tres veces por semana, siempre que no haya esfuerzo ni malestar.
La más determinante es la deshidratación: con el calor se suda más y, si no se compensa bebiendo suficiente agua, el colon extrae líquido de las propias heces, endureciéndolas. A esto se suma el cambio de rutina que desajusta el reloj biológico del intestino y ralentiza su movimiento. La tercera causa es la costumbre de aguantarse las ganas de ir al baño en entornos poco familiares, algo que con el tiempo reduce la intensidad de las señales intestinales. Por último, la inmovilidad de los trayectos largos frena la motilidad, ya que el movimiento corporal es uno de sus principales estímulos.
A esto se añaden errores frecuentes en vacaciones: sustituir el agua por alcohol o refrescos, comer con menos fibra, aguantarse, moverse poco y el propio estrés del viaje, que también afecta al intestino a través de su conexión con el cerebro.
La especialista recomienda beber agua de forma regular sin esperar a tener sed, alcanzar entre 25 y 35 gramos diarios de fibra —fácil en verano gracias al kiwi, las ciruelas o frutas como el melocotón y el albaricoque—, caminar al menos media hora al día y fijar un horario regular para ir al baño, idealmente tras el desayuno.
Sobre los laxantes, advierte que recurrir a ellos de forma continuada ya no es un problema del verano, sino un posible estreñimiento crónico que debe evaluar un médico.
Un estreñimiento ligado a un viaje suele resolverse solo en dos o tres semanas. Conviene consultar si se prolonga más allá de ese plazo, si aparece sangre en las heces, pérdida de peso no intencionada, dolor abdominal intenso, cansancio sin causa aparente o un cambio persistente en el ritmo intestinal habitual, especialmente en mayores de 50 años.