El escenario político que ha salido de las urnas ofrece varias alternativas pero son tan complejas que no es impensable que nos lleve a nuevas elecciones

25 de julio de 2023
4 minutos de lectura

El voto nacionalista y el independentismo radical tienen las llaves del nuevo gobierno de España y exigirán un precio muy alto al que quiera ocupar la Moncloa

Después de los resultados de las elecciones del 23J vamos a mirar por el lado bueno lo que puede suceder: la próxima vez que votemos lo haremos en un tiempo más fresquito, allá por enero más o menos. Y es que lo de nuevas elecciones y volver a las urnas es una probabilidad más que cierta después del incierto mapa político que ha salido de esta consulta.

La pregunta más recurrente desde la pasada madrugada es ¿y ahora qué? Pues las opciones son varias y poco a poco se irán cayendo al suelo por su propio peso como las peras maduras, porque alternativas hay para no tener que repetir las elecciones, pero cada una de ellas tiene su cosilla particular que la hace inviable o nada apetecible, inviable porque esto es España y poco deseable porque el precio a pagar por la sociedad española se antoja excesivo.

Veamos. Lo primero que debe ocurrir es que el Rey Felipe VI llame a consultas a los dirigentes políticos para ver qué opciones hay de formar gobierno y pulsar el ánimo de las diferentes formaciones sobre qué hará, es decir, a quién apoyará en una sesión de investidura. Después el monarca encargará formar gobierno a uno de ellos, que por salud democrática debería hacerlo a Alberto Núñoz Feijóo como líder del partido que ha ganado las elecciones.

De hecho, el líder del PP y candidato a la presidencia del Gobierno, Albert o Núñez Feijóo, ha convocado este lunes a la Junta Directiva Nacional del PP para analizar los resultados electorales y anunciar su derecho a formar gobierno al haber ganado las elecciones.

Derecho sí tiene, pero la realidad es que opciones no salvo que consiguiese el apoyo del PNV vasco y Junts de Puigdemont no lo hiciese con Pedro Sánchez. El apopo de los nacionalistas vascos se antoja difícil cuando las elecciones autonómicas son el próximo año y el PNV ve como Bildu los adelanta por la izquierda y se les escapa en las urnas, así que tendrán que endurecer un discurso y unos hechos para no perder más pie y el respaldo al PP no parece que fuese una buena estrategia. Pero ocurrir, puede ocurrir.

El otro escenario tiene a Sánchez como actor principal de reparto. La suma de todos los partidos del bloque de izquierdas le daría para salir investido presidente en segunda vuelta si el partido independentista de Puigdemont se abstiene en la votación. Ocurrir también puede ocurrir, pero el precio que debería pagar el PSOE sería muy caro.

El secretario general de Junts, Jordi Turull, ha preguntado al candidato socialista y presidente en funciones del Gobierno, Pedro Sánchez, qué está dispuesto a ofrecer a Junts para que avale su investidura, y advierte que entre lo que esté dispuesto a ofrecer está la amnistía y el referéndum de autodeterminación. Por ahí irían también las exigencias de los republicanos de Oriol Junqueras y Rufián, que han tomado nota del desgaste que han sufrido por apoyar al PSOE sin “demasiadas contraprestaciones”. Y con ehBildu más de lo mismo.

O sea, que el independentismo es consciente de su poder, sabe que Pedro Sánchez es un adicto al cargo y hará lo que esté en su mano para sacar tajada de la situación, y más cuando estas elecciones han legitimado por completo los pactos y acuerdos del presidente socialista con los partidos independentistas durante los últimos cuatro años. Eso da un margen de maniobra a Sánchez que los constitucionalistas observan con preocupación. ¿Será capaz de cruzar las líneas rojas con tal de mantenerse en la Moncloa? Se lo preguntan muchos y muchos son los que temen que sí lo sea quien ha indultado a golpistas catalanes y ha reformado las leyes en su beneficio.

La ‘abstención patrótica’

Una tercera opción, que personalmente es la que más me gusta y la que mejor valoran las instituciones comunitarias y los grandes inversores, es la más inimaginable porque, como decía, estamos en España. Sería lo que algunos llaman la ‘abstención patriótica’, es decir, que el PSOE se abstenga en la sesión de investidura para permitir que el partido que ha ganado las elecciones gobierne. Se trataría de un acuerdo entre las dos principales fuerzas políticas del país, que cuentan con el 75% de los escaños, en las cuestiones básicas, esas que son de Estado.

Pero ya les adelanto que esta opción no la vamos a contemplar porque nuestros políticos están acostumbrados a mirarse el ombligo y son incapaces de ver más de sus propios intereses o, en el peor de los casos, el de sus partidos. En eso no nos parecemos a países como Alemania, donde conservadores y socialdemócratas fueron capaces de dejar a un lado sus cuitas personales y diferencias para llegar a una especie de gran coalición, como recuerda hoy el analista Adolfo Lorente en los periódicos de Vocento, para sacar al país de los peores momentos de la gran recesión económica.

Lo cierto es que hoy han comenzado a correr los tiempos para que España tenga nuevo gobierno y, con lo pocos que hemos visto, que a nadie le extrañe si tenemos que volver a las urnas. Al menos uno de los candidatos debe someterse a la investidura para iniciar el reloj hacia la repetición electoral. Después transcurrirán unos dos meses para buscar una alternativa y, si ésta no llega, volveremos a las urnas pasados 54 días. Así que entre unas cosas y otras nos podemos ir hasta enero.

Si eso sucede podremos hablar de haber participado en dos funerales, las fallidas investiduras de Feijóo y Sánchez, y de no haber tenido la boda de un cuerdo constitucionalista con la abstención por razones de Estado. Aunque quien sabe, Sánchez puede estar dispuesto a darlo todo… con los independentistas porque se ha acostumbrado a la Moncloa.

Y por cierto, para enero habrá pasado ya nuestro tiempo de presidencia europea con más pena que gloria.

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