El profeta Isaías, el más lírico y culto en su decir constante, escribió que con esfuerzo un agricultor compró una viña, la rodeó con cercas que la protegieran, cavó y abonó la tierra sobre la que cayó una lluvia necesaria y, con tales mimos y cuidados, esperó uvas dulces en la cosecha, pero la tierra tan asistida, respondió al mejor cuidado con uvas agrias. Y, aunque desengañado por los resultados, aguardó tiempos mejores.
No siempre aquello que se desea, y aparentemente se nutre con la mejor vigilancia, da frutos convenientes. Las malas influencias, en señalados casos, han hecho que nuestros hijos crezcan como árboles torcidos en cuyo tronco se despereza la savia.
Seguramente algo así pudo ocurrirle al Fundador Pablo Iglesias soñando que el PSOE, como viña exquisitamente cultivada de su mano, daría uvas doradas para regalo y cobijo de un pueblo que apetecía, como el comer, la justicia. Muchos y buenos especialistas dejaron en su tierra granos escogidos… Pero en lugar de uvas, pisada por malas compañías, la tierra dio agrazones.
A la vista está. Y lo sentimos.
Pedro Villarejo