La vida de cualquiera está llena de circunstancias que no ha querido ni preferido ni soñado. Precisamente educarse es una indispensable preparación para resistir los inconvenientes, interpretarlos y buscar el modo de que sean superados con dignidad, también con elegancia.
Nadie quiere la guerra, tampoco la tiranía de un sistema teocrático que cuelga a los disidentes, tapa el cuerpo de las mujeres y tapona sus libertades. La guerra es un despropósito colectivo que mancha de sangre la Historia, pero ¿qué hacemos cuando los derechos humanos están vilmente arrasados en dictaduras impenetrables? La ley que mira hacia otro lado mientras se denigra impunemente a las personas no puede ser punto de referencia para nadie.
Un mundo ciego no es necesariamente un mundo de tinieblas, escribía Borges con su acostumbrada ironía. Si no se ve, es preciso pedir luz prestada a quien tiene abiertos los ojos, no a la complacencia, sino a la circunstancia que obliga a ser remontada con el menor daño posible… La guerra no es paradigma de nadie, pero tampoco esconder el pensamiento bajo el ala,
Pedro Villarejo