Durante el verano, el calor y los cambios en el ambiente hacen que las lágrimas se evaporen más rápido. Esto provoca que los ojos se sequen y pierdan su protección natural, lo que aumenta el riesgo de sufrir irritaciones y daños en la superficie ocular.
El oftalmólogo Carlos de Astica explica que la calima empeora este problema porque el polvo irrita los ojos. Además, el aire acondicionado, la exposición al sol, el viento, la arena, el cloro y el agua del mar también afectan a la salud visual. El uso excesivo de lentes de contacto y los viajes pueden agravar la situación.
Cuando el ojo permanece seco durante mucho tiempo, pueden aparecer pequeñas lesiones en la córnea y una inflamación constante. Si no se trata a tiempo, esta situación puede causar molestias continuas e incluso afectar la visión de forma permanente.
Entre los síntomas más comunes se encuentran la sensación de tener arena en los ojos, picor, ardor, enrojecimiento, sensibilidad a la luz, cansancio visual y visión borrosa que mejora al parpadear. Ante estos signos, es importante cuidar los ojos y prestar atención a cualquier cambio.
Para prevenir estos problemas, los especialistas recomiendan usar gafas de sol homologadas, evitar el aire directo de ventiladores y aires acondicionados, limitar el uso de lentes de contacto, aplicar lágrimas artificiales sin conservantes y reducir las actividades al aire libre durante los episodios de calima. También aconsejan no utilizar colirios por cuenta propia y acudir al oftalmólogo si las molestias no desaparecen.