El Barça volvió a demostrar que los partidos no siempre se ganan desde el brillo inmediato, sino desde la paciencia, la persistencia y la capacidad de resistir los momentos incómodos. Ante un Real Oviedo valiente y bien ordenado, el conjunto azulgrana se encontró con una primera parte espesa, llena de imprecisiones y con más nervios de los previstos. El colista no se encerró sin más: presionó, corrió y llegó a inquietar el área local, obligando a estar atento a Joan García, que sostuvo al equipo cuando más lo necesitaba.
Sin Pedri, el Barça tuvo dificultades para darle continuidad al juego. Raphinha y Lamine Yamal aparecían a cuentagotas, y Robert Lewandowski apenas encontraba espacios. El Oviedo, lejos de achicarse, rozó el gol en varias ocasiones y dejó claro que el partido no iba a ser sencillo. La sensación de frustración crecía en la grada, mientras el marcador seguía inmóvil al descanso.
Tras el paso por vestuarios, el guion cambió por completo. El Barça salió con otra energía, ajustó líneas y comenzó a castigar los errores del rival. En apenas cinco minutos, el partido quedó encarrilado. Primero fue Dani Olmo, que aprovechó un balón suelto para sacar un disparo raso, preciso y letal. Poco después, Raphinha firmó una vaselina llena de calidad y sangre fría que rompió definitivamente la resistencia asturiana, según Europa Press.
Con el 2-0, el equipo de Hansi Flick jugó más liberado. El balón circuló con mayor fluidez y los espacios comenzaron a aparecer. Ahí emergió Lamine Yamal, que puso el broche al partido con una acrobática volea tras una asistencia exquisita de Olmo, desatando la ovación del estadio. Un gol que resume lo que representa este Barça: juventud, atrevimiento y talento sin complejos.
El triunfo permite al conjunto azulgrana recuperar el liderato de LaLiga, alcanzando los 51 puntos y dejando atrás la derrota de la jornada anterior. Más allá del resultado, el partido deja una lectura clara: incluso en los días grises, este Barça sabe competir, sufrir y golpear en el momento justo. En una temporada tan exigente, esa capacidad puede marcar la diferencia entre pelear y conquistar.