La imagen del deportista de élite suele asociarse a cuerpos milimétricamente cuidados, dietas estrictas y controles médicos constantes. Pero hay un punto ciego que pasa desapercibido en muchos planes de entrenamiento: la boca.
Más del 70% de los atletas profesionales padece enfermedades periodontales y una parte significativa arrastra caries u otras infecciones dentales que, lejos de ser un problema menor, terminan afectando directamente a su rendimiento físico. Así lo advierte un estudio académico que analiza la salud bucodental en el deporte de alto nivel.
Los datos son llamativos. En distintas investigaciones, entre el 15% y casi el 90% de los deportistas examinados presentaba caries. Y la inflamación de las encías, la periodontitis o las infecciones persistentes eran todavía más frecuentes.
El problema no es solo odontológico. La inflamación crónica que provocan estas patologías puede extenderse al resto del organismo, debilitar el sistema inmune y ralentizar la recuperación tras entrenamientos intensos o competiciones. En la práctica, eso se traduce en más riesgo de lesiones musculares y articulares y en periodos de baja más largos.
Los especialistas alertan de que la boca puede convertirse en una puerta de entrada constante de bacterias al torrente sanguíneo, algo especialmente delicado cuando el cuerpo está sometido a altas cargas físicas y estrés competitivo.
Detrás de esta situación hay varios factores habituales en el deporte profesional. El consumo frecuente de bebidas isotónicas, geles energéticos y suplementos ricos en azúcares favorece la aparición de caries. A eso se suma la reducción del flujo salival durante el ejercicio intenso, la deshidratación y, en muchos casos, rutinas de higiene insuficientes o mal planificadas.
El resultado es un cóctel perfecto para el deterioro dental.
Por eso, los investigadores insisten en que el cuidado de la boca no puede tratarse como algo secundario. Proponen medidas sencillas: enjuagarse tras ingerir carbohidratos, evitar el cepillado inmediato después de bebidas ácidas para no dañar el esmalte, mejorar la dieta y, en algunos casos, incorporar probióticos para equilibrar la microbiota oral.
La conclusión es clara: la salud bucodental también es rendimiento deportivo.
Igual que se vigilan los músculos, la alimentación o el descanso, la boca debe formar parte del control médico habitual. Porque, a estos niveles, una infección dental no es solo una molestia: puede ser la diferencia entre competir o quedarse fuera.