El mercado del alquiler en España atraviesa uno de sus momentos más delicados. Lejos de estabilizarse, los precios continúan una escalada que ya en 2025 dejó cifras récord y que, según las previsiones del sector, no se frenará en 2026. Para miles de personas, especialmente jóvenes y familias con rentas medias, acceder a una vivienda en alquiler se ha convertido en un reto cada vez más difícil.
El año 2025 terminó confirmando una tendencia que llevaba tiempo gestándose. El precio medio del alquiler en España se situó en 14,21 euros por metro cuadrado, tras encarecerse cerca de un 16,7% respecto al año anterior, según los datos publicados por pisos.com. Se trata de una subida muy por encima del crecimiento de los salarios y del coste de la vida, lo que ha tensionado aún más los presupuestos domésticos.
La evolución no fue puntual ni estacional. Mes a mes, los precios fueron aumentando, con un repunte cercano al 1% solo en el último mes del año. En el último trimestre, el incremento superó el 3%, y en la segunda mitad de 2025 el alza acumulada rondó el 6%. Las grandes ciudades y las zonas con mayor actividad económica concentraron las mayores subidas, aunque el fenómeno ya se extiende a áreas periféricas y municipios medianos.
Los expertos coinciden en que el mercado del alquiler se ha convertido en uno de los segmentos más tensos del panorama inmobiliario. La combinación de una oferta limitada y una demanda creciente ha generado un desequilibrio que empuja los precios al alza de forma sostenida.
De cara a 2026, las perspectivas no invitan al optimismo. Todo apunta a que el alquiler seguirá encareciéndose, prolongando una situación que ya resulta crítica para amplias capas de la población. La causa principal es estructural: no hay suficientes viviendas en alquiler para cubrir la demanda existente, especialmente en los núcleos urbanos.
A esta escasez se suman cambios en los hábitos residenciales. Más personas optan por alquilar durante más tiempo, bien por la dificultad de acceder a una hipoteca, bien por la inestabilidad laboral. Al mismo tiempo, parte del parque de vivienda se ha desplazado hacia usos alternativos, reduciendo aún más la oferta disponible para el alquiler residencial tradicional.
El resultado es un mercado muy competitivo, donde los precios suben incluso sin mejoras en la calidad de las viviendas. Para muchos inquilinos, esto se traduce en mudanzas forzadas, mayor esfuerzo económico o la imposibilidad de emanciparse. El acceso a la vivienda deja de ser solo un problema económico y se convierte en una cuestión social.
Mientras no se amplíe la oferta y no se adopten medidas eficaces y sostenidas en el tiempo, 2026 amenaza con consolidar un escenario en el que alquilar será cada vez más caro y más excluyente. Una realidad que obliga a replantear el modelo actual si se quiere garantizar el derecho a una vivienda digna.