Ustedes son malos, malvados y corruptos; no les da pena, no tienen dignidad, todo el mundo lo sabe, tienen una cara de tabla, si los saludan es por pura diplomacia, pero Satanás está esperando el momento de sus muertes para capturar sus almas.
Seguramente tu oficina y tu grupo son la excepción, así que duerme tranquilo: Satanás no tiene ningún interés en reclamar tu alma.
Existe una maquinaria de delincuencia organizada, un engranaje donde la hipocresía es la única máscara de un equipo demoníacamente corrupto, bajo una jefatura, que no sabe qué es la ética. En este espacio, la coreografía está diseñada para la extorsión sistemática. Aquí hay una doble falsedad: está la diplomacia de quienes los saludan por educación, aunque en el fondo los desprecian por ser gente podrida, de conducta y alma sucia; y está la falsa diplomacia de los empleados, una actuación calculada para atraer a la víctima, hacerla sentir a gusto y conducir al usuario hacia el soborno. La retórica de la falsa corrección es el refugio de quienes negocian con la voluntad ajena.
Es una maquinaria delictiva donde las normas son una farsa que utilizan para encubrir su verdadero fin: la extorsión y el soborno consensuado. Ellos han construido un «decorado de legalidad». Es una escenografía. La «falsa corrección» no es solo un adjetivo, es la herramienta de marketing de su sistema delictivo. La usan para diferenciar a quienes son «víctimas aptas» (los que se dejan engañar por la apariencia) de quienes ellos consideran «obstáculos»; es una corrección para la vista del incauto, pero una incorrección absoluta para la podredumbre de la corrupción que practican. «Cuando el poder se corrompe, se vuelve un instrumento de opresión al servicio del criminal.» — Lord Acton
«La justicia, en este recinto, ha sido despojada de su valor para pesar únicamente el dinero de quienes entran aquí.» — Bertolt Brecht
¿Qué pesará más en tu balanza personal al momento en que estés ante el tribunal de Dios ridiendo cuenta? Acaso crees que podrás comprar a Dios con el dinero producto de tu extorsión?
La extorsión es el eje de mando; cada gestión, cada espera, cada situación operativa es manipulada para forzar el pago. Es una red donde el soborno es el único lenguaje que conocen, orquestado por una jefatura que garantiza que el flujo de dinero sea constante. Aquellos que ostentan cargos de poder son los artífices de un sistema donde la corrupción no es una excepción, sino el modo de trabajo de toda la oficina. Se disfrazan de servidores mientras su único objetivo es extorsionar a quienes acuden allí por necesidad. La farsa se sostiene gracias a un tejido de complicidades donde cada subordinado sabe exactamente cómo actuar para que el usuario sienta la presión de tener que ofrecer dinero para ser atendido y, sobre todo, para que su caso sea resuelto favorablemente. «El hombre que se vende para el mal, ha comprado su lugar en el infierno, entregando voluntariamente su propia alma a Satanás.» — Stefan Zweig
«La moralidad de estos sujetos es un envoltorio que oculta la basura de una ambición sin límites, mientras los sufrimientos del infierno le quemarán el alma eternamente» — Honoré de Balzac
La impostura llega a niveles despreciables cuando estos sujetos se proclaman ejemplos de moralidad, mientras operan como una organización dedicada al lucro ilícito. Se pavonean con una «cara de tabla» que es su rasgo distintivo, ignorando que sus actos los condenan. La presunción de honestidad es su mayor ofensa, pues insulta la inteligencia de quienes observan cómo la ética se transmuta en un mercado de ofertas y demandas extorsivas. El dinero sucio que fluye por esos pasillos no tiene patria, solo el peso muerto de una conciencia inexistente que ha renunciado a la humanidad por el espejismo de una prosperidad que es su propia condena en los fuegos eternos del infierno. «La corrupción es el cáncer que destruye las instituciones, pero su raíz es la falta de vergüenza de quienes las dirigen.» — Hannah Arendt
«Quien utiliza su cargo como un arma para la extorsión, no es un servidor, es un criminal.» — Albert Camus
Es necesario denunciar que esta estructura de poder funciona con la precisión de un reloj, donde la extorsión y el soborno son el aceite necesario para que el engranaje gire. Cada solicitud de dinero, cada maniobra para dilatar respuestas, es una afrenta directa. La perversión es la naturaleza de todo el equipo, y aquellos llamados a velar por la integridad son los primeros en pisotearla. La sensación de poder que emana de esta oficina es una hediondez corrosiva, un miasma que emana de su propia miseria moral y que contamina todo a su alrededor, nublando el juicio de quienes allí habitan, convencidos de su invulnerabilidad. Sin embargo, no hay muro de dinero que pueda ocultar la putrefacción que emana de sus actos ante los ojos de Dios. «Cuando el servidor convierte la honradez en un mercado, él mismo se transforma en el prostituto del sistema.» — Voltaire
«El que cree que puede comprar la salvación de su alma, con el fruto de la extorsión, está cavando su propia habitación de fuego en el infierno» — Jean-Paul Sartre
La parodia de la legalidad que ejecuta este equipo es una afrenta que no puede pasar desapercibida. Ellos se burlan de lo correcto y de lo humano, pero no se pueden burlar de Dios aunque lo ofendan con sus burlas; mientras ellos se burlan de lo correcto y de lo humano, Dios los está observando, registrando cada una de sus afrentas para el momento inexorable del juicio ante el tribunal de Dios donde habrá crujido de dientes.
Ellos – ustedes – están labrando su sitio en los círculos más profundos del infierno que describió Dante Alighieri. A estos sujetos solo les interesan los signos exteriores de una riqueza mal habida, los cuales exhiben con jactancia y prepotencia y qué ostentan sin pudor en sus autos de lujo, sus ropas nuevas de marca y sus teléfonos celulares de última generación, alardeando su corrupción como trofeos. Sin embargo, ese dinero no trae consigo prosperidad espiritual, sino una condenación eterna.
Cuando el general romano llegaba victorioso de una batalla henchido de vanidad y de gloria, con una insoportable egolatría, un esclavo se encargaba de bajarle los humos y recordarle al oído que no era eterno ni inmortal. El memento mori —esa antigua expresión latina que significa «recuerda que morirás»— no es una amenaza de muerte, sino un llamado filosófico a la reflexión sobre la finitud de la vida, recordando a los poderosos que el final es igual para todos. De tal manera que tú decides quién te esperará al final de tus días , si Dios Todopoderoso en los atrios del cielo o Satanás en el fuego eterno del averno.
«La maldad humana no tiene fronteras cuando la ambición se disfraza de autoridad.» — Thomas Hobbes
«La verdad es una luz que siempre termina por iluminar los rincones donde se esconden los criminales.» — Victor Hugo
Canon.
El presente texto constituye un ejercicio de ficción narrativa y literaria, diseñado como una hipótesis de trabajo para exponer situaciones que no son correctas y no deberían presentarse en la praxis institucional, con el fin de ilustrar los vicios operativos desde una perspectiva académica y docente. Cada acto de esta oficina, oculta tras una fachada de respetabilidad, será eventualmente juzgado por la realidad contundente de los hechos que, sin duda alguna, terminarán por desmantelar su red de extorsiones. Es fundamental que la conciencia colectiva despierte ante este tipo de conductas que tanto daño hacen. Quienes hoy se jactan de ser dueños del destino ajeno, no son más que prisioneros de sus ambiciones infernales, esperando el momento en que Satanás los capture para que ardan en las llamas del fuego eterno del infierno.
Aquí no se te nombra a ti , de modo que si lo tomas como algo personal estás confesando que tu alma le pertenece a Satanás. Entonces llénate de pánico porque lucifer se ha apoderado de tu alma porque tú se la has entregado de manera gustosa.
«Satanás tiene todo el tiempo, no necesita tocar a su puerta; él simplemente se sienta en el escritorio de la oficina a esperar el día en que la muerte los haga estar ante su presencia en el fuego del infierno eterno.» — Doctor Crisanto Gregorio León
Doctor Crisanto Gregorio León
Licenciado en Teología
Profesor Universitario