Un grupo de científicos del Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares (CNIC) ha descubierto que la proteína llamada OMA1 funciona como un escudo protector para nuestro hígado. Su labor principal es evitar daños graves en las células hepáticas y retrasar la aparición de tumores a medida que envejecemos.
Esta investigación, publicada en la prestigiosa revista The EMBO Journal, demuestra que esta proteína actúa como un freno natural frente al estrés celular. Cuando falta esta protección, se desencadenan problemas como la inflamación persistente, la fibrosis y un mayor riesgo de desarrollar cáncer de hígado.
Las enfermedades hepáticas crónicas causan cada año dos millones de muertes en todo el mundo, lo que supone el 4% de la mortalidad global. El envejecimiento es uno de los factores que más acelera este tipo de dolencias, las cuales pueden derivar con el tiempo en cirrosis o tumores si no se controlan adecuadamente.
Para llegar a estas conclusiones, lideradas por el experto José Antonio Enríquez, el equipo estudió qué ocurre cuando el organismo carece de esta proteína. Comprobaron que los animales sin OMA1 desarrollaban con los años lesiones graves en el hígado, cicatrices internas y una mayor presencia de tumores, reduciendo su esperanza de vida.
Este avance científico ayuda a comprender mejor cómo el cuerpo se defiende de las agresiones continuas del metabolismo y la edad. Conocer con exactitud estos mecanismos protectores abre la puerta a futuras terapias para cuidar la salud del hígado y prevenir enfermedades graves en la etapa adulta.