Damos lo que tenemos

9 de enero de 2026
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«El hombre que no cultiva su propio jardín interior, terminará mendigando flores en los desiertos ajenos.» Doctor Crisanto Gregorio León

Obvio diría alguien, es una perogrullada, nadie puede dar lo que no tiene, salvo que lo hurte, pero jamás fue suyo. Con la exclamación del epígrafe, no aludo a cosas materiales aunque el gesto o la actitud puedan derivar en algo tangible. Me refiero a las formas y maneras con y para nuestros semejantes y mejor, aún ante nuestros prójimos más próximos. Lo inmaterial no necesariamente ha de ser etéreo cuando insufla energías y mejores son las buenas energías; las que inyectan entusiasmo y dejan en nuestra existencia el dulzor del encuentro con espíritus en perfeccionamiento o con una sensibilidad más evolucionada.

En razón de las vicisitudes de la vida, nos vemos obligados a obtener pólizas de seguro para nuestros bienes materiales y hasta de vida. Lo que redunda en tranquilidad y concordia interna por ser previsivos. Pero hay precauciones que no tomamos en las relaciones cotidianas, y a veces bajamos las defensas ante quienes ni siquiera imaginamos tienen un poder adverso sobre los ánimos y la diafanidad de los espíritus y si no nos percatamos con prontitud, pueden irrumpir en nuestro templo y con su aura negra e impura descompensar el orden de nuestro universo y la armonía por la que trabajamos en el afán de ser mejores personas.

Como un maleante que espera el descuido de la víctima para despojarle no sólo cosas materiales, sino la tranquilidad y hasta la vida; hay gente con la que te encuentras que parecen un foso profundo de penumbra que te abraza y corre el riesgo de absorberte con sus sombras por ser un cuerpo opaco que proyecta una imagen estridente y oscura, restándote fuerzas, de las que solo podrás zafarte de sus nudos espirituales con una exclamación profunda al Paráclito.

En cambio, el don de gentes, la personalidad afable, la gracia y el estilo servicial, la honestidad del espíritu en el respeto recíproco, agradan al ánimo y propician las óptimas relaciones humanas por ser simpatías que irradian buenas energías. El mejor indicio como póliza de seguro ante los estafadores de la quietud del alma, es la proyección de su sombra que incomoda como una prenda de vestir apretada que sabes que no es de tu talla.

«La verdadera riqueza de un hombre no se mide por lo que guarda en sus cofres, sino por la luz que deja encendida en el alma de quienes cruzaron su camino.» Doctor Crisanto Gregorio León

Doctor Crisanto Gregorio León

Profesor Universitario

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