La observación es el principio de la sabiduría porque detecta los rumores del aire, las grietas de la convivencia, el hablar de las hojas o la destemplanza de los discursos inútiles. España arde este verano más que nunca. Observamos los fuegos sin que se pueda hacer demasiado por apagarlos. Y los otros fuegos, los del desencanto, queman a placer valores y presencias, como ríos de lava que despertasen por dentro.
PALABRAS INSOLENTES
Soy de los que hicieron “la mili”, y también de los que cree, que la vida toda es una mili continua en la que siempre se obedece a alguien por necesidad, por obligación o por respeto a la categoría del que manda. Se sufre al obedecer, pero también el que ordena tiene el compromiso mayor de buscar la forma, la palabra y la oportunidad para que sea bien atendida y entendida su propuesta.
A mi entender, la grosería que desdora un mandato anula la obediencia. Porque se habla según se piensa y a pensar también se aprende, especialmente cuando se ha encomendado una alta tarea de responsabilidad. Si admitimos todo, se adueña la desidia de la insoportable ignorancia.
Que un teniente general de la Guardia Civil en ejercicio llame puta a la madre de un subordinado general de división y desacralice las hostias para llenarlas de humillación en su cara, inhabilita al alto mando, no ya a mantener poderes y gobiernos, sino a presentarse como persona civilizada en la urgente reposición de la convivencia.
¿Quién califica en España lo impresentable?
Porque impresentable es también el DAO que a los suyos ofende por cumplir su misión de servidores públicos, acechando las tropelías de los delincuentes, llamándoles vanidosos, como si atendieran más a las pasarelas que a la sustancia de su trabajo encomendada. Aún se desconoce la causa de este inconcebible desdén.
Impresentable la señora directora de la Guardia Civil que toma dos cafés con la enviada a blanquear las sombras de una corrupción generalizada.
Se canta que la Virgen del Pilar no quiso ser francesa, pero a este paso tampoco querrá ser capitana de una tropa en la que el honor sea únicamente la divisa de los que obedecen.
UNIDAD EMPOBRECIDA
Siempre mantuve que no debieran ser legales los partidos independentistas ya que, cobrando de los que quieren separarse, intenta paradójicamente destruir su gallina de los huevos de oro. El premio Nobel Mario Vargas Llosa dejó claramente escrito que los independentistas son la ruina de cualquier pueblo (porque mientras amagan y no acaban, ellos se enriquecen a costa de su propia intransigencia). Américo Castro que, junto a Sánchez-Albornoz son paradigma de la historia de España, aseguró que los exclusivistas de determinadas regiones españolas son de ideas fijas porque, como tienen tan pocas, no les queda otro remedio que conservarlas… Cansaríamos si continuásemos citando a tantos intelectuales como rechazan a los que, sin motivo alguno, nos detestan.
Dirigentes destacados del PNV, ante la alegría general de España por haber ganado Los Mundiales, prefieren apoyar a la inexistente y ridícula ·selección vasca”… deberían atreverse a publicar las obras completas de Sabino Arana, su referente ideológico, su ídolo de masas mentales muertas, que seguramente tendrá a San Pedro harto de tanta absurda euskalerría.
Un entrenador de fama, que arquea sus labios en gestos avinagrados cuando de España habla, también defiende a Francia o Inglaterra antes que a su propio País que no es, como él cree, ese reducto esquinado de la geografía, sino el de la Historia que habla castellano para que mejor se nos entienda.
Ellos y algunos más sufren un resentimiento que da pena. Los envidiosos desgastan su alma cada vez que ofenden sin razones (aunque nunca debiera haber motivos para ofender). Si sienten tristeza cuando los otros ganan, es porque chirría, dentro, una tuerca desenroscada. Y si hablamos o escribimos de ellos es para recordarles que se han aprovechado, y siguen, del pueblo al que repudian. Dame pan y dime tonto, es su consigna. Pero de tontos nada.
Y el Presidente de Gobierno, como siempre, a por uvas.
Pedro Villarejo