La primera frase vacía y dolorosa que surge tras una tragedia como la de Urda es la de que “se abrirá una investigación y habrá consecuencias”. Después, nada de nada, se ocultan pruebas recriminatorias y se arrojan al viento las responsabilidades. “Los muertos mueren y las sombras pasan”.
Si se tuviera el pundonor indispensable la respuesta necesaria e inmediata del gobierno sería reconocer su culpabilidad, pedir perdón, dimitir en bloque, aunque nos quedemos huérfanos provisionalmente: poco o nada se notaría. Déjense de investigaciones (aún sigue en estudio la tragedia de Adamuz), usen el sentido común y deduzcan lo que cualquier pensante honrado está en condiciones de ofrecer: La razón fundamental de este despropósito tiene su base en la falta de ejecución del dinero recibido por la UE para el mantenimiento de la Alta Velocidad y en la manía deshonesta de “colocar” a los amigos en los puestos e dirección para los que no están facultados. Así de sencillo. Y de comprobable.
Otra vez la sangre. Otra vez los llantos y los muertos. Otra vez la mentira y las inútiles investigaciones… Ya no sabe uno a qué santo acudir para que esto acabe de una vez.