En el siglo XVI se viajaba en carretas insoportables, en mulas obedientes o en diligencias apretadas. Con mucho apuro se llegaba a los sitios después de comer algo en las ventas del camino y recostarse después junto al fuego con una copa de orujo. Eran viajes inciertos porque estaban expuestos al robo de los bandoleros o a las tormentas imprevistas del verano.
Santa Teresa de Jesús era una experta en viajes incómodos y en albergues desaconsejados cuando a fundar conventos iba por las tierras de España, quizá por eso se le ocurrió decir que “la vida es una mala noche en una mala posada”.
Peor noche y triste posada de destino la tragedia de Urda. Hasta hace poco, el AVE era lo más seguro porque lo manejaban ingenieros y técnicos de nivel. Cuando se sustituyen los capacitados por los amigachos, se sale la vida de la vía y muere en injustamente los que debieran estar vivos.
Pedro Villarejo