BIBLIA
Abraham se pasaba noches enteras mirando el firmamento a la espera de que se descolgara del cielo la promesa que Dios le hizo de ser padre numeroso. En una de esas duermevelas Dios le habló en el silencio de parecida manera: “Por más que te empeñes nunca podrás saber exactamente el número de estrellas ni de cuál de ellas viene la luz más intensa… tantos hijos tendrás como estrellas, como puntos de arena en los mares infinitos. Esa que ves más sobresaliente, redonda a veces, como esfera grande de luz sosegada, es la luna… No te inquietes, Abraham, de día el sol no te hará daño ni la luna de noche”.
En clave pagana, algo parecido le ocurría a Zapatero mientras contaba sus nubes alborotadas. De vez en cuando en medio de ellas aparecía un resplandor que al contemplativo le parecieron estrellas, pero eran gavillas de diamantes engarzados que ya ni siquiera recordaba. Puede que también escuchara una voz menos sagrada para recordarle que serían numerosas sus riquezas si, además de nubes, aprendiese a contar y a descontar yacimientos de oro negro venezolanos. En ese empeño estaba cuando le justicia interrumpió sus contabilidades y quedó sorprendido en medio de su propia claridad, intocable hasta entonces.
Tras él vino otro presidente que hizo de sus sueños realidades. El capítulo 37 del Génesis lo había profetizado: “Oíd el sueño que he tenido: que el sol, la luna y once estrellas se inclinaban ante mí”… Y sentimos entonces todos los españoles cómo nos dejaría huérfanos de luz si alguna vez faltara.
…Los científicos de hoy nos alertan de que la luna se aleja de la tierra cada año casi cuatro centímetros. Nuestra pregunta sin respuesta satisfactoria es también alarmante: ¿Adónde va cuando se va la luna? y ¿cuál es la causa de su fuga, a quién teme para huir de esa manera?
EL PAPA LUNA
Todos conocemos la historia de Benedicto XIII, el papa Luna, así llamado por su cuna nobiliaria cuyo escudo es una luna en campo de sangre con las puntas bocaabajo. Nacido en su castillo de Illueca, hijo de la baronesa doña María Pérez de Gotor y don Juan Martínez de Luna, el personaje es de una singularidad impresionante que me ha permitido escribir una novela, aún no publicada, sobre su ejemplar e irrepetible trayectoria.
Cada uno de los capítulos, trece en total, como el ordinal de su pontificado, pensé encabezarlo con la luna de protagonista y un resplandor que pudiera llegar hasta nosotros. Alguno de ellos, no todos, hoy les adelanto:
1-En las noches tenebrosas, hace de faro la luna…
Aquel papa surgido del cisma de occidente, sufrió de noches en las que la luna invadió de sosiego sus perplejidades y otras, en las que se le clavó en el pecho la oscuridad a la hora de tomar decisiones. Como a nosotros.
“Yo soy la luz del mundo”, es la mejor respuesta para el creyente angustiado en la oscuridad de su circunstancia. Y esperar, como Abraham, a que se descuelgue una lámpara desde los ojos de alguien.
2.- La luna de dentro se lleva las sombras…
La oscuridad acumulada impide a veces encontrar una rendija en la que aparezca la esperanza. Ocurre en la persona y en las sociedades. Se ha ido creando poco a poco un barrizal de sombras y es agobiante no encontrar salida.
Días pasados lo sufrí con la impotencia de los ceutíes, ante la incapacidad gubernamental para encontrar respuestas inmediatas. Tiempo atrás con la Dana de Valencia, con el Nepal… con las mil aristas de la vida que hunden a los seres humanos en el pliegue de sus propias ruinas. Duele la culpabilidad de muchos responsables y ha de acudirse entonces a la luna de dentro para que se lleve las sombras de la ineptitud, que cada uno esconde como puede. Y pedir, como un milagro, que cuanto antes se vayan.
3.- Hay noches en que los lobos están en silencio y aúlla la luna. (George Carlin)
En un estudio exhaustivo sobre su persona y tareas, llegué a la conclusión de que con Benedicto XIII, el papa Luna, se habían cometido muchas injusticias. Su inteligencia y honradez fueron inquebrantables. Si se mantuvo sin renunciar, como le pedían, a su pontificado, no fue por empecinamiento, sino por responsabilidad moral: “Non possumus”, no podemos, repetía incesantemente por coherencia con su legítimo nombramiento; para muchos, dudosamente ilícito.
En nuestro tiempo, aúlla la luna cuando la noche calla a causa de tantas injusticias sobre personas en las que se cargan las tintas de la venganza por miedo a que descubran felonías o atropellos. Sobornos, secuestros de voluntad, sobres acolchados, promesas como pago a las irregularidades… Por todo grita la luna.
Yo estoy seguro de que más pronto que tarde aullará sobre lo oscuro de las noches calladas. Y a los que quieran saber dónde va la luna cuando se va, crean conmigo que no huye, se esconde dentro de la persona, en lo hondo de las tapadas circunstancias. Y que estallará en resplandores a su debido tiempo.
Pedro Villarejo