Son muy distintos, aunque parezcan idénticos, los besos de los enamorados, el pálpito de una frustración o el sueño acumulado de un opositor a notarías. En cada persona y situación se estrenan sus diferencias. Igual sucede con la neurosis, de la que todos padecemos un ramalazo proporcionado: un neurótico nunca es igual a otro, avanza él solo por la pendiente de la sobredosis hasta alcanzar un grado de enajenación que excede cualquier análisis de profesional.
Contaba un obispo catalán, en petit comité, que fue invitado a dar un retiro espiritual a los sacerdotes de una diócesis de su propia “nacionalidad”. Se quejaba el orador de que sus curas oyentes, en lugar de atender a la sustancia de lo religioso, únicamente contabilizaron los párrafos en catalán que pronunciaba el obispo. Se quedó sin alas el Espíritu Santa ante aquel impedimento infranqueable.
Una señora de Mallorca fua a una tienda a por encajes, perfumes o bicicletas… vilipendió sin freno a la pobre dependienta porque no le contestaba en catalán… No cabe duda que la profesión del futuro es la psiquiatría o potenciar las clínicas de salud mental.