Ya se sabe que antiguamente algunas marquesas recibían en los salones de su palacio, organizaban conciertos y conversaban de elegantes majaderías hasta averiguar quién era el amante de turno de tal o cual señora, enzarzada con algún político importante a espaldas de su marido. Espléndidas y agasajadas, las puntuales marquesas defendían el secretismo a voces que encantaba a la mayoría.
Aquellas marquesas de pimpollos y plumas han pasado hoy a ser empresarias, investigadoras o artistas, incluso diputadas, como el caso de Cayetana Álvarez de Toledo Peralta-Ramos, marquesa de Casa Fuerte, título nobiliario que Felipe V otorgó a sus antepasados y que a ella le viene como anillo al dedo.
El líder de la oposición se acaba de fijar en doña Cayetana para ir de congresista numero dos por Madrid. ¡Bien hecho! Porque esta aristócrata es dueña de una frialdad precisa que hiela las entrañas cuando habla. Apenas si gesticula: su palabra es también su gesto y su flecha… pesadilla seguirá siendo para los que engañan con la bolita debajo del cubilete.
Nadie sabe de dónde viene la leche que bebe.