Muchos historiadores coinciden en que España es un mosaico de ideas, costumbres, religiones… también de hambres según épocas y resultados de guerras fratricidas. Nadie es ajeno al profundo dolor que en Ceuta se vive con tantos adolescentes y adultos hambrientos haciendo cola para recibir bolsas con algo, sean embutidos de cerdo o raciones de pollo matados sin mirar a la Meca. Cuando se tiene hambre no hay otra ley que la supervivencia.
Soy partidario de que todo puede comerse mientras no haga daño. Siempre creí que La disciplina cristiana de los sacrificios cuaresmales debe orientarse hacia ejercicios de caridad y no tanto a las privaciones que pueden sustituirse por manjares diferentes. Los musulmanes quieren imponer en los colegios públicos el menú halal como los independentistas catalanes obligan a los jardineros el uso de su idioma para hablar con las rosas.
En Valencia ya han dicho que el mejor menú son un par de huevos fritos con chorizo o unos garbanzos con pringá. Cuando se tiene hambre, y siempre, ha de usarse el sentido común.