El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha reorganizado su agenda, decía que tenía un evento en Turquía, para viajar a Nueva Jersey y presenciar este domingo la final del Mundial 2026 entre España y Argentina en el MetLife Stadium, según fuentes de Moncloa.
El presidente confía en que TVE, en la que manda él, silenciará las eventuales pitadas que pueden producirse, en esta ocasión delante de Trump y Milei y de las cámaras de todo el mundo.
Sánchez ocupará el palco de autoridades junto al resto de mandatarios internacionales, entre ellos Donald Trump, con quien mantiene una relación de tensión constante (aunque en su último encuentro se congració con él tras prometerle comprar los F35 de EE UU), y coincidirá también con la Familia Real, que asistirá al completo: los reyes Felipe VI y Letizia, la princesa Leonor y la infanta Sofía.
Fuentes gubernamentales habían apuntado inicialmente que el jefe del Ejecutivo no tenía previsto el viaje, y no fue hasta días después cuando trascendió que intentaba «cuadrar la agenda» para no perderse la cita.
El cambio de planes llega en un contexto en el que la presencia de Sánchez en actos públicos, especialmente deportivos, suele ir acompañada de un recibimiento hostil por parte de una parte del público.
El precedente más reciente se produjo en abril, en la final de la Copa del Rey entre el Atlético de Madrid y la Real Sociedad, disputada en La Cartuja de Sevilla, donde un sector de la afición dirigió sonoros pitos e insultos tanto al himno nacional como al propio presidente.
El episodio se suma a otros ya habituales, como los abucheos recibidos en el desfile militar del 12 de octubre en Madrid, donde en años sucesivos ha sido recibido con silbidos a su llegada y a su salida de la tribuna, incluido el cántico insultante que corea parte del público en varios estadios españoles.
Ese historial ha alimentado las especulaciones sobre si el temor a un recibimiento similar en suelo estadounidense pesó en la decisión inicial de no asistir.
Finalmente, Moncloa ha optado por confirmar la presencia de Sánchez en un partido que corona seis semanas de Mundial y que puede convertirse, además del duelo por el título, en otro escaparate de la tensa relación del presidente con parte del público que acude a los estadios.