Algunas veces ni siquiera el diablo quiere ser tu amigo. Ocurre en aquellas ocasiones en que todo esfuerzo es inútil: por mucho que sea apropiado y correcto el acto, el resultado final está decidido de antemano. Se quiebra lo emprendido con tanto empeño.
Lo peor es el gesto de la mueca paralizada que dibuja el rostro; ese asombro ridículo por inesperado y la mirada indulgente de los que te rodean, colocándote de nuevo en el lugar al que creías no pertenecer.
Su persistencia recuerda que esta es la única ubicación posible, el minúsculo montículo que llegarás a ocupar. Eres un testador que solo genera deudas, un heredero que nada obtendrá de lo ajeno. Tu valor es la medida de lo que obtienes.
Tahúres de autoayuda desvelan que es más útil aprender de lo que no ha sido y que el éxito es un espejismo que se consume en sí mismo. Toda meta perseguida es una falacia que te aparta del correcto camino; no obstante, ¿qué gloria cabe en la derrota?
Solo el optimismo forzado nos mantiene en el juego, procurando iniciar la nueva empresa con la máquina mejor engrasada. El intento de sostener el muro con piedras no adecuadas producirá el mismo resultado: deben ser alisadas solo las apropiadas.
A pesar de ello, ¿por qué insistimos en elevar eternamente la roca a la cima acompañando al viejo Sísifo? También sabemos que en el futuro moriremos, que las olas no siempre retornan, pero eso sucederá otro día.
Respetado José Eladio Camacho,
Al reflexionar sobre el mito de Sísifo, uno comprende que no hay que hacerle caso a su condena, pues el error es creer que su castigo es nuestra realidad. A veces, la tentación del cinismo nos convence de que todo esfuerzo es inútil, pero es ahí donde debemos mantener la firmeza. El éxito no reside en el trofeo que otros nos niegan o que la suerte nos arrebata, sino en la certeza de haber obrado con rectitud aun cuando el camino se torna cuesta arriba.
Al final, seguir empujando la piedra no es una labor de esclavitud, sino la única forma de probar de qué estamos hechos. La calidad de nuestra resistencia ante lo inevitable es, en última instancia, nuestra mayor victoria.
Muchas gracias por su tiempo y sus acertadas palabras. El texto, aunque no lo parezca, está escrito en un momento de absoluto triunfo. En cualquier caso se refiere, como refleja su comentario, a la imperiosa necesidad de seguir viviendo cualquiera que sean las circunstancias.
Y a mí también… El fracaso está presente, hay que saber digerirlo sin traumas.
«El éxito es un espejismo que se consume en sí mismo», bonita frase
Es un texto clarividente que empuja a la reflexión. El señor Camacho parece un filósofo de la vida. Me ha gustado este escrito.
Es muy difícil digerir la filosofía, cuando tu vida se rompe.
Gestionar tu presente, es poner almohadones de plumas a tu futuro, para no
hacerse daño al caer, siempre existen saltos desde más o menos altura…
Es bueno aferrarse a la filosofía, pero es eso…filosofía.
Mientras las situaciones qué se te puedan presentar te permitan asimilarla.
Mi admiración por el Sr Camacho.
Nunca me defrauda. ¡Me gustan sus escritos!