La historia de México está atravesada por un acontecimiento que, a juicio del historiador Marcelo Gullo, es frecuentemente malinterpretado o relegado a un segundo plano: la pérdida de más de 2.600.000 km² de territorio a mediados del siglo XIX. Según el autor, este episodio no es solo una efeméride geográfica, sino el factor determinante que explica las dificultades económicas y el subdesarrollo que el país ha arrastrado desde entonces.
Para Gullo, la narrativa común que busca culpar a la herencia española por la situación actual de México carece de rigor histórico. «El subdesarrollo de México no tiene nada que ver ni con errores mexicanos, ni con la cultura mexicana, ni con la falta de esfuerzo de trabajo; tiene que ver con que le robaron el 60% de su territorio», sostiene el académico. Argumenta que, tras la independencia, México era una de las regiones más desarrolladas del mundo, con una Ciudad de México equiparable en esplendor y relevancia a capitales europeas como Londres o París.
La tesis central de Gullo apunta a la «negligencia de la clase política mexicana» de la época, a la que compara con herederos que dilapidan el patrimonio recibido. «No fueron ni capaces de guardar la herencia recibida; permitieron que Estados Unidos se quedara con el 60% de su territorio», afirma. Este despojo, consolidado mediante el Tratado de Guadalupe Hidalgo en 1848, no solo redujo las dimensiones del país, sino que privó a México de recursos naturales estratégicos que impulsaron el ascenso de su vecino del norte.
El historiador hace hincapié en el impacto material inmediato de esta pérdida: apenas un año después de la anexión, el descubrimiento de oro en California permitió a Estados Unidos financiar su red ferroviaria y acelerar una industrialización masiva. «Se convierte Estados Unidos en el principal productor de oro del mundo, gracias a California», destaca Gullo, subrayando que esa riqueza pasó de manos mexicanas a estadounidenses en un momento crucial de la historia americana.