Arriesgado es escribir sobre aquello que se intuye más que se conoce, que se teme más que se valora. Cuando empezó Internet a subirse a los ordenadores, como tenebroso pájaro de alas grandes, temimos que su sombra nos sofocara, incluso nos sustituyera en el pensamiento, en la creatividad o en las universidades. A pesar de sus perfiles oscuros, como todo, nos regocijamos ahora en que mucha cultura esté ahí, en la nube dichosa donde se cuelgan los olvidos. Internet es una infinita enciclopedia en la que reposan las duermevelas de la memoria.
Con la Inteligencia Artificial puede que nos esté pasando algo parecido. Confieso que en estos momentos me aturde, sospecho y temo que sea un dragón dispuesto a desplazar al hombre en su grandeza, a doblarle el cerebro reemplazando realidades por antojos, saludos que no calientan por abrazos que queman. Pero luego concluyo conformándome que no es otra cosa la IA que una maquinaria al servicio del hombre, un reflector de luces que se adelantan a las propias; un reclamo interior, al fin, para seguir soñando. El hombre no puede fantasear consigo mismo si no es desde sí mismo. Cualquier invención no es más que el reflejo de lo ya inventado. Y así.
Pedro Villarejo