Como en el caso de la novela Fahrenheit 451, editada en 1953, que luego se llevó al cine en una película que se estrenó en el Reino Unido el dieciséis de septiembre de 1966 y en España el dieciocho de octubre de 1967.
¿Hoy se pretende copiar la situación que se plasma en esa novela?
Cuando te cambian la historia, en cierta manera lo están ejecutando, al crear una falsa realidad.
El autor de esa novela remarca a lo que nos conduce la censura estatal y la destrucción del pensamiento crítico. Crea en esta novela la figura de los bomberos con la función distópica de quemar, en vez de apagar fuegos.
Y su trabajo se basaba en quemar libros: la represión más feroz contra el pensamiento libre.
El autor fue Ray Bradbury, un escritor del género de ciencia ficción, fantástico y terror.
Esta novela se publicó en el año 1953. El temor del autor era que veía peligrar el acceso a la lectura y, por lo tanto, al libre conocimiento, al estudio…
Plasma en su novela esta situación por el auge de los medios de televisión, el desgarro moral y la pérdida de identidad de los ciudadanos en los EEUU, en una época de posguerra.
Con miedo por la destrucción y la quema de libros ideológicos después del nazismo, de los años treinta, como una más de las atrocidades que acostumbran a poner en práctica los nuevos líderes, pretendiendo destruir las raíces, primero las de unos y luego, de un tajo, las de otros.
Lo mismo hicieron con grandes colecciones de pinturas, después de perder lo más preciado de la creación, que son las vidas humanas. También se perdieron los conocimientos de diferentes formas de artes pictóricas, que hoy nos hubieran dado un punto de referencia muy importante para crecer y no para castrar las mentes.
Con el fin de salvaguardar esa literatura que nos hace tener opinión, en esta novela el autor describe cómo los ciudadanos libres de pensamiento crean una oposición a los desvaríos de un gobierno dictador, opresor, destructor del pensamiento libre, y luchan en la clandestinidad para conservar la memoria y salvaguardar a esos autores con sus obras como auténticos tesoros, guardándolos en su memoria.
Siendo el mayor tesoro que poseían, no el dinero ni las joyas ni las posesiones, era salvar todos los libros condenados al fuego para, una vez memorizados, traspasarlos a hombres y mujeres que crean una cadena de autores con sus obras.
Salvar el libre pensamiento para poder analizar esa literatura que les negaban.
Ante un chivatazo, la policía del régimen totalitario acudía al lugar donde se encontraba el infractor, lo detenían y los bomberos quemaban, ante los ojos de los aterrados habitantes, los libros que significaban la libertad perdida para todos.
En la clandestinidad, muchos de sus habitantes guardaban libros en sus memorias, representando cada uno a un autor.
Si perdían la vida, otro continuaba memorizando donde lo dejó el anterior y así continuaba la cadena.
Así, de esta manera, burlaban toda prohibición, siendo cada uno un autor, incluso niños que sabían leer los memorizaban para traspasarlos a otros.
Fue una lectura, Fahrenheit 451, en unos tiempos de gran inquietud y búsqueda de conocimientos en los que muchos de nosotros acudíamos a los cines de arte y ensayo, donde después de la proyección existían debates de opinión entre todos los asistentes. La mayoría éramos estudiantes. Esta película creó mucha controversia con lo establecido entonces en España.
No solo existía un tipo de juventud “consumidores de porros”; en muchas ciudades de España, los diferentes grupos, llenos de inquietudes, se expresaban con sus máximas inquietudes y conocimientos sin temor alguno a cualquier represión.
Más tarde se vio en cines, donde fue muy bien acogida. Nos presentaba un mundo donde los individuos no eran nadie y estaban dominadas sus vidas por el opresor de turno, malvado y sin escrúpulos, y en muchos lugares gobernaban careciendo de cualquier tipo de conocimientos culturales adquiridos con estudio y esfuerzo mental.
En un mundo donde se censuraba el pensamiento crítico, en una sociedad distópica obsesionada por la tecnología y el entretenimiento superficial.
Era demasiado sugerente en aquellos años.
Además, la escribió durante la Guerra Fría, en un ambiente de tensiones e inseguridades, miedo a la destrucción de todo lo logrado, muy parecido a situaciones que vivimos hoy.
No estamos lejos de ningún país, muy al contrario…
La búsqueda de una felicidad superficial, los excesos en el control de los medios, las tecnologías y las redes sociales crean una destrucción del pensamiento crítico y más cuando son dirigidas por el “Gran Padre”, que valiéndose de ellas, ese gobierno supremacista solo quiere constreñir esas opiniones libres que a él le restan verdad y brillo.
Esa palabra, constreñir, es muy descriptiva: es algo que aprieta, estrangula y mata las libertades al asfixiarlas, quitándoles el aire tan necesario para poder respirar.
El número 451 es muy significativo: representa la temperatura a la que arde el papel de los libros, por eso el autor lo elige.
Pero anteriormente pensó en El bombero como título.
En esa historia son los bomberos los que ejecutan los incendios. Es totalmente una distopía: representa una sociedad indeseable, dominada por la opresión, el control totalitario y la deshumanización…
Estar atentos: existen locos a los que les encantaría llevarlo a cabo. En este caso sería el peor gobierno imaginable.
Esto ocurre cuando se concentra el poder en un representante único de un país que se habría adueñado de un codiciado lugar de privilegios, no ganado en buena lid.
El poder se logra con el dominio a unos falsos adeptos, y lo son por miedo a que se puedan abrir dosieres que guardan demasiados legajos comprometidos con acciones de historias de traición, al más puro estilo de relatos de ficción.
Son ciudadanos que se vendieron jurando una pleitesía de total adhesión para que no nieguen nunca a su jefe; además, si él cae, van detrás todos, al tener prohibido el libre albedrío, y si no lo cumplen, los lanzan al abismo o a los tribunales.
Y como en los libros quemados… no tendrán salvación, pero quedarán en nuestras memorias como un hecho que jamás debería volver a ocurrir.
Muchas veces la ficción supera a la realidad.
El pensamiento libre es una acción que solo tú gestionas. Elige bien dónde lo puedas mostrar. No te dejes engañar por esas falsas apariencias. Tienes en ti mismo ese privilegio: es nuestro mejor recurso potencial de la libre elección para continuar respirando libertad.
El libre pensamiento da ventaja a nuestra creatividad, esa que los que viven constreñidos por su reducida expresividad emocional no son capaces de sentir por estar limitados.
Nosotros vivimos nuestras vidas exonerados, con nuestros libres criterios. Merece la pena el esfuerzo: seremos más felices.
Muy de acuerdo en todo lo que dices , pero la cosa se está poniendo un poco fea 😏
Gracias por seguirme.
Frente a la imagen que tergiversa, solo la lectura reflexiva, y sus distintas fuentes, nos puede aproximar a lo que fuimos y seremos. Interesante artículo de Mertxe, como todos los suyos.
Muchas gracias.
Abrir la mente para dar paso a mentes más preparadas, es el aprendizaje más satisfactorio para saber canalizar mejor las ideas. Muchas gracias.
Lo preocupante es cuando la realidad supera la ficción y menuda realidad estamos viviendo ni los mejores cineastas hubieran imaginado semejante trama No veo el final de esta película no puedo imaginarlo pero que va a ser de traca seguro
Efectivamente hoy hay que tener la mente muy entrenada en el pensamiento crítico, para poder librarse del adoctrinamiento al que llevan los eslóganes inclusionistas y malintencionados. Son frases preparadas para desviar la atención de la gravedad de lo que están haciendo, para que a la sociedad le resulte difícil condenarles, consiguiendo que la repitan como loros y así captan adeptos simplemente porque no se paran a pensar en la intencionalidad de las mismas. Con el “estar en el lado correcto de la historia” , “no a la guerra” (¿quién diría lo contrario?), “defender los intereses de los españoles”, tachar de “ultraderechista” a todos lo que les critican.
¿Quién querría estar en el lado contrario al correcto de algo? ¿A quien le gusta que lo tachen de radical? Son frases vacías, porque no aportan ningún mensaje, pero como en el libro de Ayn Rand “La rebelión del Atlas” del que recomiendo su lectura, todo el mundo las repite sin pararse a pensar, creando una conexión social con la que identificarse como miembro de algo que ni siquiera alcanzan a saber qué es. Leedlo y sabréis : “¿quién es John Galt?”
La humanidad no repetiría una y otra vez los mismos errores si simplemente los conociera leyendo su historia.
Después de leer las reflexiones, solo se puede llegar a una conclusión.
Hoy pensamos poco y reflexionamos menos.
El resultado ya se está viendo y solo es el comienzo…
¿Cuando despertarán las marmotas?
«Bomberos»incendiarios!!!
Surrealista.
Ficciòn materializada en una realidad presente.
«Bomberos incendiarios»en los colegios.
«Bomberos incendiarios» en las familias.
«Bomberos incendiarios» de la educación ,de la ética ,del buen gusto,de la dialéctica.
En eso se han convertido la mayoría de los individuos que componen nuestra sociedad.
Y ya no se necesitan ni siquiera los 451 grados para destruir.Bastan los medios de comunicación a nuestro alcance,incluso al alcance del individuo más pequeño,a ese que aún va en el carrito acompañado de su chupe y còmo no,con un móvil por niñera para que el incendio comience.
¡Bravo!
¡Hablando claro!
Sin metáforas….
Gracias por tu visión realista.