Las procesiones de Semana Santa, que congregan a miles de personas en calles y plazas, traen consigo un aumento significativo de atenciones en los servicios de Urgencias. Según la vicepresidenta de Enfermería de la Sociedad Española de Medicina de Urgencias y Emergencias (SEMES), Carmen Casal, las lesiones más habituales en estos días son torceduras, esguinces, lipotimias e incluso algunas fracturas.
Uno de los principales riesgos es la cera de las velas, que crea una superficie resbaladiza en el suelo y favorece caídas. A ello se suman las aglomeraciones y el pavimento adoquinado típico de muchas ciudades, que incrementan la probabilidad de accidentes. Estas condiciones hacen que los resbalones y tropiezos sean frecuentes durante las procesiones.
Las personas mayores constituyen uno de los grupos más vulnerables, ya que las caídas pueden tener consecuencias más graves que en los jóvenes. Además, quienes padecen enfermedades cardíacas o problemas circulatorios deben extremar las precauciones, evitando permanecer inmóviles durante largos periodos y favoreciendo la circulación con pequeños movimientos.
El calor también juega un papel importante, especialmente en años con temperaturas elevadas. Las lipotimias y síncopes por bajadas de tensión son frecuentes, por lo que los expertos recomiendan mantenerse bien hidratado, buscar zonas de sombra y evitar exposiciones prolongadas al sol. Asimismo, factores como la ansiedad en entornos multitudinarios pueden desencadenar desmayos.
Ante una emergencia, es fundamental actuar con rapidez y sentido común. Los especialistas aconsejan despejar el espacio alrededor de la persona afectada para facilitar la respiración. Si está consciente, se recomienda elevar las piernas; en caso de inconsciencia, colocarla en posición lateral de seguridad para evitar obstrucciones en la vía aérea.
Además de estos incidentes, la Semana Santa registra un aumento de alergias debido a los altos niveles de polen, así como un repunte de accidentes de tráfico por el incremento de desplazamientos. Pese a la alta demanda asistencial, los servicios de Urgencias mantienen sus plantillas casi completas, mientras los profesionales insisten en la necesidad de una especialización reglada en Enfermería de Urgencias para garantizar una atención homogénea y de calidad en todo el país.