El Parkinson no siempre se manifiesta con temblores. De hecho, uno de cada tres pacientes no presenta este síntoma, según ha explicado el neurólogo Iván Iniesta, especialista del Hospital Universitario Los Madroños.
Con motivo del World Parkinson’s Day, que se celebra el 11 de abril, el centro sanitario ha recordado que esta enfermedad neurológica afecta a unas 135.000 personas en España y puede comenzar con síntomas poco evidentes.
El Parkinson suele identificarse por tres signos motores principales: lentitud en los movimientos, rigidez muscular y temblor en reposo. Sin embargo, el doctor Iniesta explica que el primer síntoma característico es en realidad la bradicinesia, es decir, la dificultad para iniciar o ejecutar movimientos con normalidad.
En muchos casos, la enfermedad comienza afectando solo a un lado del cuerpo, provocando torpeza o rigidez en brazos o piernas.
Pero antes de que aparezcan estos síntomas motores, pueden manifestarse señales más sutiles, entre ellas:
En el caso de los problemas del sueño, es frecuente que las personas experimenten sueños muy intensos, pesadillas o movimientos involuntarios durante la noche, como hablar o gesticular mientras duermen.
Los especialistas también advierten de que el inicio de la enfermedad puede acompañarse de alteraciones en el estado de ánimo, como apatía, ansiedad o depresión. Estos cambios suelen confundirse con el estrés o el propio envejecimiento, lo que puede retrasar el diagnóstico.
Asimismo, algunos pacientes presentan dificultades cognitivas leves, como problemas de concentración, atención o una mayor lentitud al pensar. También pueden producirse cambios en la voz o en la expresión facial.
El diagnóstico del Parkinson se basa principalmente en la evaluación clínica del paciente, mediante la historia médica y el examen neurológico.
Aunque se trata de una enfermedad neurodegenerativa sin cura, existen tratamientos capaces de mejorar notablemente la calidad de vida de quienes la padecen. Uno de los más utilizados es la Levodopa, un fármaco que se transforma en dopamina dentro del cerebro para compensar la pérdida de neuronas que producen este neurotransmisor.